martes, 24 de septiembre de 2013

¿De qué tamaño es Dios para ti?


Francisco Aular

Lectura devocional: Isaías 40:12-31

¿Con quién podemos comparar a Dios? ¿Qué imagen se puede encontrar que se le parezca? ¿Se le puede comparar con un ídolo formado en un molde, revestido de oro y decorado con cadenas de plata? Isaías 40:18,19 (NTV)

A principios de 1978 llegué a las oficinas de nuestra Convención de Iglesias Bautistas en Caracas, y busqué a uno de los consejeros espirituales en aquellos días, el inolvidable misionero estadounidense Jorge Lozuk. “Hermano Lozuk –le dije con premura y con un tono de voz que hacía notar desde un principio, mi preocupación por el asunto que traía en mente-, he recibido una invitación para dar varias conferencias en un congreso de evangelización en Bogotá; ore por mí, porque siento una gran responsabilidad ya que debo hablarles a líderes con igual o mayor experiencia en el Señor que yo…”, iba a continuar, pero aquel hombre de Dios, experimentado, me detuvo y me dijo: “¡Háblales del tamaño de tu Dios, y de lo Él ha hecho contigo!”. Oramos y no hablamos más del asunto. Preparé mis conferencias y sermones sobre la grandeza de nuestro Dios. Aquellos días en Colombia marcaron mi vida para siempre. ¡Alabado sea el Señor! ¡No importa lo ordinario que seamos nosotros, sino lo extraordinario que es nuestro Dios!
El libro de Isaías -Jehová es salvación-, escrito en el siglo VIII a. C., tiene varios capítulos que denuncian la idolatría de su pueblo, en varios pasajes vemos que Dios afirma que su poder no puede compararse con el de los dioses de las demás naciones. En efecto, la Sagrada Escritura afirma que Dios es quien dice ser, e igualmente que Dios hace lo que Él afirma que puede hacer. Para la época del Profeta, Grecia, la cuna de la filosofía del pensamiento y la ciencia, tenía sus dioses mitológicos, construían para sus dioses grandes templos, y dentro, las estatuas de sus dioses con sus sacrificios. Un héroe como Alejandro el Grande había llevado su cultura por todo el mundo conocido, sin embargo, pese a todo esos engranajes de poderes humanos y religiosos paganos, el profeta Isaías nos dice que todos los seres humanos se reducen a la nada comparados con el Creador: “Dios se sienta sobre el círculo de la tierra; la gente que hay abajo le parecen saltamontes. Él despliega los cielos como una cortina,  y hace con ellos su carpa. Él juzga a los poderosos del mundo   y los reduce a nada. Apenas comienzan, recién están echando raíces, cuando él sopla sobre ellos y se marchitan; se los lleva el viento como a la paja” (Isaías 40:22-24; NTV). Cuando el Señor, por su Espíritu, hizo el mundo, nada ni nadie lo dirigió ni lo aconsejó qué hacer o cómo hacerlo. Las naciones, comparadas con Él, son como gota que queda en el balde, comparadas con el vasto océano o con el menudo polvo en la balanza que no la mueve, comparado con toda la tierra. Sobre este mismo tema Salomón había escrito: “¿Quién sino Dios sube a los cielos y desciende de ellos?  ¿Quién retiene el viento en sus puños? ¿Quién envuelve los océanos en su manto? ¿Quién ha creado el mundo entero? ¿Cuál es su nombre? ¿Y el nombre de su hijo? ¡Dime, si los sabes!” (Proverbios 30:4; NTV).
¿De que tamaño es Dios para ti? Si es el mismo en el cual yo he creído desde hace 50 años, te puedo afirmar: ¡No hay Dios tan grande como nuestro Dios! ¡No existen problemas sin solución para Él! ¡Dios hace posible que lo débil se haga fuerte y lo fuerte débil! ¡Dios escoge lo ordinario para hacer su obra extraordinaria! ¡Dios escoge lo despreciado del mundo por la sabiduría humana y pone palabras en su boca para avergonzar a los que se creen sabios! ¡Él es ante todo: Principio y fin!
¿De qué tamaño es Dios para ti? En verdad, todas las dudas y los problemas que nos vienen tienen relación directa con el tamaño de nuestro Dios. Nuestro Dios no tiene rival, delante de su soberanía y poder, cualquier problema nuestro empequeñece. Lo mejor de todo, ¡cuanto mayor grandeza le atribuyamos al Dios al cual servimos menos importancia nos daremos a nosotros mismos! Como lo dijera Judas, el hermano del Señor: Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien es poderoso para evitar que caigan, y para llevarlos sin mancha y con gran alegría a su gloriosa presencia. Que toda la gloria sea para él, quien es el único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor. ¡Toda la gloria, la majestad, el poder y la autoridad le pertenecen a él desde antes de todos los tiempos, en el presente y por toda la eternidad! Amén” (Judas 1:24,25; NTV). ¿De qué tamaño es Dios para ti?
Oración:
Padre Todopoderoso: Al pensar en tu grandeza, tengo el privilegio, como tu hijo, de no verte nada más como el Creador, sino, ver también, tu despliegue de amor para conmigo pecador. Gracias por tu plan de salvación el cual ideaste y llevaste a cabo por la obra de mi Redención por medio de Jesucristo, tu Hijo amado, por cuyos méritos oro. Amén.
Perla de hoy:
¿De qué tamaño es Dios para ti? Te aseguro que es más grande que el tamaño que le asignes a tu problema.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

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