martes, 25 de octubre de 2011

Francisco Aular
Lectura devocional: Salmo 84
¿Por qué amo a Dios?
Qué bella es tu morada, oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. Anhelo y hasta desfallezco de deseo  por entrar en los atrios del SEÑOR. Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente. Salmo 84:1,2 (NTV)
“No es importante saber cuándo fue escrito el Salmo 84, o quien lo escribió; a mí me parece que exhala el perfume davídico; se desprende de él las hierbas aromáticas de la montaña y los lugares solitarios y desérticos en que el rey David tuvo que residir con frecuencia durante sus muchas guerras. Esta oda sagrada es una de las más selectas de la colección; la rodea una suave irradiación que ha hecho que se le llame “La Perla de los Salmos”. Si el Salmo veintitrés es el más popular, el ciento tres el más gozoso, el ciento diecinueve el más profundamente vívido, y el cincuenta y tres el más dolorido, este es el más dulce de los salmos”  (C.H Spurgeon: El tesoro de David, V.II, p. 7. Clie, 1990)
¿Por qué amo a Dios? El ser humano es dado a ser religioso pero debido al pecado que mora en él, tiene que pasar por un encuentro personal de arrepentimiento de sus pecados, un nuevo nacimiento, y así, más que una religión sería tener una relación personal con Dios basada en la gratitud que se siente por haber sido perdonado; tener la presencia de Dios en la vida; tener un nuevo propósito para vivir, y porque Dios, por sublime gracia, nos ha dado un privilegio especial y es el ser miembros de su familia: “Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios” (Juan 1:12,13 NTV). Desde que el SEÑOR me perdonó, vivo agradecido, y cada día quiero verlo cara a cara para agradecérselo. Desde que llegué al Señor, nadie tiene que empujarme para ir a la presencia de Dios en oración, ni tampoco suplicarme que vaya a la reunión con su pueblo en la casa de Dios, y por eso, puede exclamar con el salmista: “Qué bella es tu morada, oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. Anhelo y hasta desfallezco de deseo  por entrar en los atrios del SEÑOR. Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente” (Salmo 84:1,2. NTV).
Ciertamente, los que hemos experimentado el perdón redentor de Dios, antes de experimentarlo, teníamos nuestro espíritu humano muerto en relación con el Dios viviente (Efesios 2:1,2), pero, ahora vivificado, le es vital adorarlo tanto en la vida personal como en su santuario: “Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Juan 4:23,24. NTV).
¿Por qué amo a Dios? Cada vez que escudriño las Escrituras me doy cuenta que en su plan redentor, Dios, por su gracia, tomó la iniciativa para nuestra salvación: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:4 RV60). En otras palabras: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados (…) Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:10,19 RV60). En cada célula de mi vida humana palpita el anhelo de mi corazón, y el lema del salmista es y será mío para siempre: “Qué bella es tu morada, oh SEÑOR de los Ejércitos Celestiales. Anhelo y hasta desfallezco de deseo  por entrar en los atrios del SEÑOR. Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente” (Salmo 84:1,2. NTV)
Oración:
SEÑOR de los ejércitos celestiales, gracias por esta salvación tan grande, ayúdame a pulirla cada día como una perla preciosa para que brille para ti. En el nombre de JESÚS. Amén
Perla de hoy:
No puedo amar a Dios como debo amarlo, si primero no me encuentro con el hecho de que soy pecador, y que necesito nacer de nuevo para establecer con Él, una relación viviente basada en la verdad de que lo que amo y le sirvo porque Él me amó primero.
Interacción:
¿Qué te dice Dios hoy por medio de su Palabra?
Y en respuesta a ello…
¿Qué le dices tú a Él?


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