martes, 18 de octubre de 2011

¡ESTAMOS EN LA SEMANA DE ANIVERSARIO! SON CUATRO AÑOS LLEVANDO LA PALABRA DE DIOS DE MANERA FRESCA, AMENA Y DINÁMICA. SOMOS UNA FAMILIA QUE TIENE EN COMÚN LA PASIÓN POR JESÚS Y EL QUERER COMPARTIR LAS BUENAS NUEVAS CON TODOS. ¡PERLISTAS, FELIZ ANIVERSARIO! POR FAVOR, VE A NUESTRO BLOG Y REGISTRATE COMO UN “SEGUIDOR”, GRACIAS.

¿Quieres ser salvo?

Francisco Aular


Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (…) En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Hechos 4:12; Colosenses 1:14 (RV60)

“Yanquis no, Castro sí”… Era el letrero que había en las paredes aquel día 21 de enero de 1962 cuando yo caminaba, como todos los días, a mi trabajo como aprendiz de fotógrafo profesional. Sin embargo, al lado de aquella pared, había un cartelón que llamó mi atención, decía: “Venga a ver y oír a Billy Graham… Nuevo Circo de Caracas. Entrada gratis” Pensé que era un “rockero” de los que estaban de moda en aquellos años: Elvis Presley, estadounidense, o el canadiense Paul Anka o tal vez el mexicano Enrique Guzmán… Lo cierto es que pensé que era uno de esos cantantes que no había oído, y además, lo bueno de todo es que era ¡Gratis! Entusiasmado invité a unos amigos y nos fuimos esa noche fresca de enero. Mis amigos, al entrar al coliseo venezolano y ver el ambiente gritaron, “¡oh no esta es una reunión evangélica, vámonos!” Ellos se fueron y yo me quedé. Los muchachos tenían razón, aquel hombre no era ningún artista, sino el predicador del evangelio, para entonces muy famoso, el mismísimo doctor Billy Graham. Entre los himnos que cantaron aquella noche, estaba, “¿Quieres ser salvo? Se me pegó la letra y la música del coro del himno; las paredes del laboratorio fueron testigos mudos de mis intentos por recordar aquel himno; ahora bien, aquella noche en el Nuevo Circo de Caracas, la gente lo cantaba dándole un énfasis especial a la palabra “poder”: “Hay poder, sí, sin igual poder, en JESÚS quien murió… Hay poder, si, sin igual poder en la sangre que Él vertió”. Esa noche yo no estaba entre, quizás, las diez mil personas que pasaron al frente diciendo que querían ser salvos, porque al llamado del Señor respondería, un año después, en abril de 1963. ¡Soy una prueba de que ningún esfuerzo que hagamos en la evangelización se pierde!
En aquellos años yo pensaba que mi religión podría salvarme, y me esforzaba en ser fiel a mis ritos y trataba de mantener una conducta moral intachable. Pensaba como aquella condesa rusa de religión ortodoxa, a quien un noble inglés cristiano nacido de nuevo intentó evangelizar, él se acercó a la condesa y le preguntó: “Señora, ¿cuál es su situación con su alma? ¿Está bien con Dios?” “Caballero -le respondió la condesa con indignación-, este es un secreto entre el ministro de mi iglesia y Dios”. En efecto, ¿no era ella miembro de su iglesia? ¿No daba grandes cantidades de contribuciones para su sostenimiento? ¿No creía y practicaba sus doctrinas? ¿No era fiel en la asistencia a los servicios religiosos? Entonces, ¿por qué había de inquietarse? La situación de su alma, pensaba ella, no era asunto de la incumbencia del que preguntaba, sino de la incumbencia de la iglesia. ¡Así pensaba yo también!
Pues bien, el asunto de la salvación del alma sí nos incumbe, y algún día, a pocos segundos de dejar este mundo, nos presentaremos delante de Dios para ser juzgados: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27 RV60). Me imagino frente al Señor aquel día y que él me pregunte: “Francisco, ¿por qué crees que debo dejarte entrar al cielo?” ¿Le responderé, acaso, que eso no me incumbe a mí ni a Él? ¿O tal vez le diga que fui miembro de una iglesia, que fui bautizado, que canté en el coro, que di mis diezmos y además me porté bien? Entonces el Señor me preguntará ¿Qué hiciste con la salvación que te envié por medio de JESÚS?, me dirá también, ¿te acuerdas que Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6)? ¿Naciste de nuevo? ¿Te acuerdas de la conversación de JESÚS, con un hombre muy religioso, intachable moralmente? Sí, Nicodemo. Sin embargo, JESÚS le dijo a él: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Así que veo que no naciste de nuevo, no tengo por ninguna parte tu partida de nacimiento espiritual.
 “Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo” (Juan 3:7 NTV). ¿Qué harás con JESÚS en esta vida? Por eso la pregunta y respuesta del himno: ¿Quieres ser salvo? Lewis E. Jones (1865-1936)

                      I
¿Quieres ser salvo de toda maldad?
Tan sólo hay poder en mi Jesús.
¿Quieres vivir y gozar santidad?
Tan sólo hay poder en Jesús.

Coro:
Hay poder, sí, sin igual poder,
En Jesús quien murió;
Hay poder, sí, sin igual poder,
En la sangre que El vertió.

                       II
¿Quieres ser libre de orgullo y pasión?
Tan sólo hay poder en mi Jesús.
¿Quieres vencer toda cruel tentación?
Tan sólo hay poder en Jesús.

                    III
¿Quieres servir a tu Rey y Señor?
 Tan solo hay poder en mi JESÚS.
Ven y ser salvo podrás en su amor,
Tan sólo hay poder en JESÚS.

(EMH: Himnario de alabanza evangélica #170)

Oración:
Señor, Dios omnipotente, en el nombre de JESÚS tu amado Hijo vengo delante de ti, te doy gracias por la paz infinita que has traído a mi vida al dejar de confiar en mí mismo y en las obras que hago para mi salvación eterna; también te doy gracias por poner mi fe, mi esperanza y mi amor en JESÚS y sólo en JESÚS. Ayúdame a proclamar esta verdad. Amén.

Perla de hoy:
¡Soy una prueba de que ningún esfuerzo que hagamos en la evangelización se pierde!

Interacción:
¿Qué te dice Dios hoy por medio de su Palabra?
Y en respuesta a ello…
¿Qué le dices tú a Él?


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