viernes, 16 de septiembre de 2011

Gloria y grandeza de Dios

Francisco Aular


Lectura devocional: Salmo 8

Oh SEÑOR, Señor nuestro, ¡tu majestuoso nombre llena la tierra!
Tu gloria es más alta que los cielos.
Salmo 8:1 (NTV)

“¡Por favor quitémonos los zapatos porque vamos a entrar en tierra santa!”, nos decía el doctor Roy Lyon, nuestro amado profesor de hebreo y Antiguo Testamento en mis días de seminarista, cuando entrábamos a considerar un pasaje bíblico como éste que tenemos delante de nosotros.
Pues bien, en este Salmo 8 uno no puede sino admirarse de cómo David, un humilde pastor de ovejas, puede recoger tanta belleza en este poema y en otros, tal vez, mientras fue un jefe militar defendiendo la patria, o quizás, en una noche paseando bajo las estrellas, levantó su mirada a los cielos y esa belleza del momento la recrea  en este Salmo. Este es un poema en el cual la gloria y grandeza de Dios brillan a través de su Creación. En un momento de su caminar, el salmista se detiene extasiado y  se pregunta: “¿Qué son los simples mortales para que pienses en ellos, los seres humanos para que de ellos te ocupes?” (v.4). El sobrecogimiento espiritual del momento lo hace ver a Dios en su grandeza y verse a sí mismo como ser humano.
De este mismo sentir fue el profeta Isaías cuando tuvo una visión similar, y exclamó: “Entonces dije: « ¡Todo se ha acabado para mí! Estoy condenado, porque soy un pecador. Tengo labios impuros, y vivo en medio de un pueblo de labios impuros; sin embargo, he visto al Rey, el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales” (Isaías 6:6 NTV). Él responde a la pregunta de David y a la de él mismo, de una manera que no deja duda de lo que somos los seres humanos: “Una voz dijo: « ¡Grita!». Y yo pregunté: « ¿Qué debo gritar?». «Grita que los seres humanos son como la hierba. Su belleza se desvanece tan rápido como las flores en un campo. La hierba se seca y las flores se marchitan bajo el aliento del SEÑOR. Y así sucede también con los seres humanos” (Isaías 40:6,7 NTV).
David sabía todas estas cosas, por eso dice:”Sin embargo, los hiciste un poco menor que Dios y los coronaste de gloria y honor. Los pusiste a cargo de todo lo que creaste, y sometiste todas las cosas bajo su autoridad” (Salmo 8:5,6). En realidad, desde antes de que el mundo fuera creado, Dios tuvo en mente coronar a JESÚS como Rey de reyes y Señor de señores, y creó dos tipos de seres para hacerlos miembros de la familia de Dios: A los ángeles y a los seres humanos. Ambos tipos son menores que Dios, y como tales, deben sujetarse a su autoridad; pero tanto los ángeles como los seres humanos le hemos fallado a Dios, sin embargo, el plan original de Dios sigue en marcha hasta el final de la historia, y por eso fue necesario emprender el rescate del ser humano pecador y desobediente; JESÚS vino a buscarnos y a llevarnos de nuevo a la obediencia a Dios: “Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos” (Romanos 5:19 NTV).
Pero volviendo a la pregunta que el salmista hace en el versículo 4, en medio del éxtasis de un universo infinito, tanto la pregunta como la respuesta  de David e Isaías, nos llevan al vértice de una decisión, y también preguntamos: Oh Dios, ¿puede alcanzar una criatura tan despreciable como yo, a los ojos de tu Santidad, tu gracia y tu misericordia? La respuesta de Dios es un sí rotundo, porque por eso vino JESÚS a buscarnos y a salvarnos, sin embargo, nuestra naturaleza humana, pecadora y alejada de Dios, nos dice que los seres humanos no necesitamos a Dios y que podemos arreglárnoslas nosotros mismos: “Pero los que no son espirituales no pueden recibir esas verdades de parte del Espíritu de Dios. Todo les suena ridículo y no pueden entenderlo, porque sólo los que son espirituales pueden entender lo que el Espíritu quiere decir” (1 Corintios 2:14 NTV).
Por su parte, el salmista David sentía un sobrecogimiento y respeto reverencial por la naturaleza, pero alabó al Diseñador, al Creador: “Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento despliega la destreza de sus manos” (Salmo 19:1 NTV). Por supuesto, hoy sabemos muchísimo más del universo que el rey David, por ello, la maravilla que sentimos al contemplarlo debería servirnos en el conocimiento de Aquel que lo creo: ¡JESÚS!, en efecto, las Escrituras nos dicen: “Dios creó todas las cosas por medio de él,  y nada fue creado sin él” (Juan 1:3 NTV).
Es posible que en esta hora tú te encuentres luchando entre creer no creer. ¡Arriésgate a creerle a Dios! Mira las estrellas y el universo esta noche y verás que esa creación está firmada por los pinceles de Dios. Verás la gloria y la grandeza de Dios. Entonces dirás como David: “Oh SEÑOR, Señor nuestro, ¡tu majestuoso nombre llena la tierra! Tu gloria es más alta que los cielos”.

Oración:
Padre eterno:
Estoy maravillado que el mismo Dios que creó el universo infinito, vino a buscarme y salvarme. Ayúdame a alabarte y a proclamar tu gloria y tu grandeza. En el nombre de JESÚS. Amén

Perla de hoy:
Mira las estrellas y el universo esta noche y verás que esa creación esta firmada por los pinceles de Dios.

Interacción:
¿Qué te dice Dios hoy por medio de su Palabra?
Y en respuesta a ello…
¿Qué le dices tú a Él?


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