jueves, 29 de enero de 2026

SELECCIONES
Perlas del Alma
Francisco Aular
VIERNES, 30 de enero de 2026
Lectura devocional: Jeremías 29:1-11
Porque yo conozco los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.
—Jeremías 29:11 (NVI)
“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza no habré vivido en vano”.
—Martin Luther King

Al PROFETA JEREMÍAS, le correspondió ministrar en tiempos difíciles. Su nacimiento ocurrió en el año 654 a. de J.C., como se dice modernamente, la geopolítica mundial de aquellos años se movía, entre los imperios de Asiria, Babilonia y Egipto. Era el profeta de la verdad, y por ello, sufrió en gran manera. No obstante, algunos estudiosos del Antiguo Testamento, lo llaman: El profeta de la esperanza.

Consecuentemente, a los discípulos del SEÑOR JESUCRISTO, se nos da la esperanza para iluminar con ella a los que no tienen esperanza.

El cristiano que ha depositado en JESÚS su única esperanza de salvación, no marcha hacia la muerte, sino a la vida. La esperanza tiene una propiedad purificadora, porque mediante ella aprendemos, no sólo a existir, sino a vivir; no sólo a gustar, sino a saborear; no sólo a tocar, sino a sentir; no sólo a mirar, sino a observar; no sólo a oír, sino a escuchar; no sólo a escuchar, sino a entender; no sólo a pensar, sino a investigar; no sólo a hablar, sino a producir.

De lo que se sigue que, la noche, el frío y la escarcha nunca se pondrán sobre nuestra esperanza.

¡Eso sí!, como todos los dones y virtudes de DIOS en nosotros, estos son usados y desarrollados desde adentro hacia afuera. DIOS nos los dio y es nuestra responsabilidad usarlos.

Lo peor que le puede suceder a cualquier ser humano es la muerte, pero, el verdadero hijo de DIOS tiene la esperanza de la resurrección. El cristiano nacido de nuevo es realista y ve este mundo y sus millones de habitantes tal y como JESÚS los ve, necesitados de amor, fe y esperanza.

Cuando los seres humanos se sienten sin esta esperanza, les aterra morir. Algo les dice que no están preparados para morir, pero el cristiano nacido de nuevo no cambiará nunca lo temporal por lo eterno.

Tampoco, anhela quedarse en este mundo imperfecto porque DIOS ha puesto en su corazón que existe un lugar mejor para él:​ No se angustien. Confíen en Dios y confíen también en mí.[a] En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas. Si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar allí? Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.“—(Juan 14:1-3; NVI).

Por eso, la tumba no es el final para el que ha puesto su esperanza en JESÚS, como no lo fue para Él. ¡Este es el pensamiento que cubre todo el Nuevo Testamento! Aparte de la gran lección que encierra la vida humana de JESÚS, desde Su encarnación hasta el triunfo de Su resurrección, está también la esperanza con que se lanzaron a la conquista de un mundo adverso al Mensaje de la cruz, sus primeros discípulos, los apóstoles.

En particular, los apóstoles temerosos en el día de la crucifixión, mantuvieron un bajo perfil. De repente, ¡vieron a JESÚS resucitado! La fe de aquellos hombres y mujeres que caminaron y comieron en compañía de JESÚS viviente se fortalece, y desde entonces, nada ni nadie los pudo detener.

Unido a todo esto, está la esperanza de la Segunda Venida de JESÚS: “Mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien”. (Tito 2:13-14 NVI).

En definitiva, mientras más y más se acerca el Retorno del SEÑOR, nos alienta saber que JESÚS ya vive por la fe en todo hijo de DIOS. El saberlo le da el triunfo de la esperanza.

Oración
PADRE DE LA ESPERANZA:
¡Alabado seas por regalarnos esa esperanza viva! ¡Esa vida eterna Zoé! Ayúdame a compartir Tu Vida con los que no te conocen, en el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
El triunfo de la esperanza sobre toda crisis, es nuestra fe viva en las promesas de DIOS.
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