Perlas del Alma
Francisco Aular
faular@hotmail.com
VIERNES, 23 de enero de 2026
Lectura devocional:Juan 15:9-17 (TLA)
Nadie muestra más amor que quien da la vida por sus amigos.Ustedes son mis amigos, si hacen lo que les mando.—Juan 15:13
"¡Agáchate muchacho que están disparando hacia acá!..." Gritó don Ramón Gómez, mi padre de crianza, cuando en la madrugada del 1 de enero de 1958 subimos a la platabanda de nuestra casa para escuchar atónitos los disparos de cañones que salían desde el cuartel San Carlos, y ver los aviones que dejaban caer sus bombas. Eso ocurría en San José del Ávila, nuestro barrio. Todos estábamos asombrados y mi corazón latía entre el miedo y la emoción, que como todo muchacho de doce años enfrenta las crisis.
Pasaron 23 días en los cuales encontrar comida era más difícil que encontrar la muerte; se nos pasaba el día entre estar pendientes de lo que nos dijera la radio, y los comentarios de los vecinos; pero en la madrugada del 23 de enero, el dictador Marcos Pérez Jiménez huyó, ¡las cárceles se abrieron, y los presos políticos salieron de la terrible Seguridad Nacional, y los padres de la democracia moderna regresaron del exilio!
Yo no entendía todo lo que acontecía, pero me uní a la celebración. Entonces, en aquellas primeras horas de la mañana del 23 de enero de 1958 y al grito de ¡viva Venezuela, viva la patria libre!, tomamos las calles de la ciudad de Caracas. No supe como alguien consiguió un autobús, lo llenamos y con mis vecinos, dimos un paseo por toda la ciudad.
¡Nunca más vi a mi pueblo venezolano tan feliz como aquel día! ¡Hoy hace 68 años de aquella fecha y esos recuerdos tan humanos, me hacen recordar también que soy ciudadano tanto de la tierra como del Cielo!
Pasé mis primeros años de democracia, simpatizando con los partidos de izquierda de la época. En efecto, en enero de 1959, estuve en la Plaza El Silencio, el día en que llegaron allí los héroes de la revolución cubana con Fidel Castro al frente, y entre ellos el Che Guevara.
¡Mi admiración por ellos rayaba en la idolatría! Por aquella época, yo trabajaba de día y estudiaba de noche; desempeñaba mis labores como aprendiz de fotógrafo en el famoso Estudio Fotográfico Luz y Sombra, en pleno centro de Caracas; no iba a casa sino que aprovechaba al máximo las dos horas para el almuerzo, y así no desperdiciaba oportunidad de participar en las marchas estudiantiles y lanzar piedras contra la policía.
Pero DIOS, en Su gracia, tenía algo muy diferente para mí, porque cinco años despues, el 11 de abril de 1963 -un jueves santo por cierto-. ¡JESÚS vino a mi corazón por medio de la lectura de la Biblia! Aquel día, tuve mi experiencia personal de conversión y empecé a buscar una iglesia para congregarme.
Dicho lo anterior, el Espíritu Santo me guió a la Misión Bautista Emanuel de Chacaíto. Esos amados en CRISTO, me recibieron como mi familia espiritual y allí crecí en la fe y con mi SEÑOR.
Prosiguiendo, el mes de septiembre, cuando regresé a clases nocturnas, yo iba encendido con mi nueva fe en JESÚS. Subiendo las escaleras hacia el salón de clases, uno de mis compañeros del Centro de Estudiantes me dijo: "¡Camarada, tenemos reunión a las ocho y media, tienes que asistir!" Allí estuve.
Se planteó la estrategia para el nuevo año escolar, con las pautas que el partido había planeado. Pedí la palabra y el presidente dijo: "El compañero Francisco tiene la palabra". Me dirigí a todos, y allí mismo les puse mi renuncia… Sorprendida, la secretaria dijo:
—"Francisco, ¿se puede saber el motivo, el por qué vas a abandonar la revolución?", -eso era precisamente, lo que Adonis Rodríguez, mi consejero en la vida cristiana y yo, temíamos, que me hicieran una pregunta así, y, habíamos orado por ese momento-…
Y entonces, le respondí:
—“¡No, yo no abandono la verdadera revolución!-les respondí con firmeza-, la inicio, pero eso sí es una revolución espiritual, sólo cambió el líder, ya no será más el Che Guevara, sino el Che JESÚS”. Algunos se rieron y se burlaron, me dijeron:
—"¡Francisco, te has vuelto loco!". Sí, les dije, pero estoy loco por JESÚS. Desde allí, ellos respetaron mi decisión y yo, la de ellos.
Volviendo al relato inicial, el tiempo que pasa implacable, ha puesto ya 68 años entre aquella mañana del 23 de enero de 1958 y hoy.
Cinco años después vine a CRISTO. Los gobiernos han venido y se han ido, entre las promesas y la corrupción. Pero en mi caso, desde que me dediqué con todo fervor a mi JESÚS, mi Comandante Nazareno, mi pasión y mi triunfo, Él nunca me ha fallado, ni me fallará, Él no puede "negarse a sí mismo".
JESÚS, nos dijo que somos Sus amigos. Mi respeto por Él, sin embargo, ya no lo trato como mi pana ni como che, como lo hice en mi niñez espiritual. Él, y yo, somos amigos eternos. Pero en mi caso, mi trato hacia Él tiene todo el respeto de un ser humano agradecido hacia su SEÑOR, por eso, Su nombre y todo Su entorno, siempre escribiré en mayúsculas. Agradecido porque al recibirlo por fe, Él transformó mi vida, y ahora y siempre: ¡Somos amigos eternos!
¡Adelante, siempre adelante!
Oración:
PADRE ETERNO:
¡Gracias por darme esta salvación tan grande y la locura para anunciarle a todo aquel que cree! No hay manera en que pierda teniéndote a Ti, me hiciste con el propósito de rendirte honor y gloria para siempre. Enséñame SEÑOR a mostrar lo mejor de mí, y anunciar Tu verdad por donde vaya. En el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
Aunque nadie entienda Tu locura por amar, seguir y predicar a JESÚS, Si DIOS lo entiende, es suficiente.
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