viernes, 8 de febrero de 2019

La copa de la obediencia

Francisco Aular
perlasdelalma@gmail.com
Lectura devocional: Lucas 22:39-44
Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lucas 22.42

Llegamos al Monte de los Olivos y al lado del Templo de Todas las Naciones con sus doce cúpulas representando las doce tribus, está ubicado el Jardín de Getsemaní, pero estaba cerrado, "¡no, no puede ser!" -exclamé con desilusión-. A lo lejos, vimos que el guardián del lugar se dedicaba a las labores de limpieza, por su vestimenta noté que era un palestino. Le hice señas para que se acercara, el hombre vino y nos dijo que cerraban el lugar un día a la semana por labores de mantenimiento. Insistí, el hombre al ver mi frustración, se le ablandó el corazón, y haciendo señales que no se lo dijéramos a nadie, nos dejó entrar.

Mi corazón saltaba de alegría y mis ojos no dejaban de disparar imágenes de todo el lugar. Allí quedan todavía ocho olivos originales, con más de tres mil años de edad, y en cierto lugar se contempla la roca de la Agonía, donde se supone que JESÚS, oró, lloró y agonizó. Allí en aquel lugar el Hijo de Dios aprendió la obediencia como lo dice la Palabra: “Aunque era Hijo de Dios, Jesús aprendió obediencia por las cosas que sufrió. De ese modo, Dios lo hizo apto para ser el Sumo Sacerdote perfecto, y Jesús llegó a ser la fuente de salvación eterna para todos los que le obedecen.” (Hebreos 5:8,NTV). ¡La obediencia es todo, sin obediencia el Cristianismo sería un cascarón religioso! ¡JESÚS es ejemplo de obediencia perfecta!

¡No pude resistirme y me arrodillé, mis lágrimas de gratitud fluían! Me pareció contemplar a JESÚS sufriendo, gimiendo en una agonía total, el sudor rojizo de Su frente, cayendo gota a gota sobre aquellas piedras del lugar, sentí que toda la tempestad del mundo caía sobre sus hombros.

Más aun, estar ahí en Getsemaní era contemplar que a los ojos de un Dios tres veces santo, el pecado es tragedia, dolor y desastre. No existe nada bueno en el corazón del ser humano pecador, la obediencia a Dios es la columna, sobre la cual debiera descansar, toda respuesta del ser humano al amor de Dios, pero desde Adán -el habitante feliz del Jardín del Edén-, la desobediencia ha sido nuestra única respuesta al Dios Santo.

¡Pero he aquí el segundo Adán: JESÚS! En él, la obediencia es total. En toda la historia de la salvación desde antes de la fundación del mundo, Getsemaní, es el punto de no retorno, es el punto del trueque, del intercambio: ¡JESÚS toma el lugar del pecador! Nadie lo obliga a hacerlo. Pero el amor de JESÚS es grande, y decide sobre esa base, como el primer Adán, porque tiene delante de sí, el obedecer o el desobedecer. La lucha es real y se le da la copa del precio que tendrá que pagar; la toma o la deja.

Fue entonces que en mi espíritu, escuché el final más feliz de toda la prueba de Getsemaní, y también de mi oración: "Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Y, se tomó la copa hasta la última gota: ¡La obediencia, por fin, había triunfado!

Oración:
PADRE eterno:
Hoy quiero orar como el pastor Braulio Pérez Marcio:
Quiero ascender la cuesta del Calvario;
subir por ella como tu subiste,
con valor silencioso y temerario.
yo quiero ser, Señor, como tú fuiste.
(Braulio Pérez Marcio).

Perla de hoy:
¿Está en alguna encrucijada en la vida? Escoja obedecer  y hacer la voluntad de Dios, sin mirar el costo.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe alguna promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe alguna lección por aprender?
¿Existe alguna bendición para disfrutar?
¿Existe algún mandamiento a obedecer?
¿Existe algún pecado a evitar?
¿Existe algún pensamiento para llevarlo conmigo

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