viernes, 18 de marzo de 2016

Seguridad total

Francisco Aular
Lectura devocional: Lucas 23:35-43    
Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:42,43 (RV60)

Un ciudadano romano, de acuerdo a la ley, no podía recibir la pena de muerte por crucifixión. Los romanos habían inventado esa terrible forma de morir para escarnecer a sus enemigos, en realidad, la muerte por crucifixión era una maldición física, emocional, teológica y legal. Los testigos de los que morían así, cuentan que los malhechores llegaban a la muerte entre maldiciones e improperios.  En esa terrible mañana del Viernes Santo, el primer ciudadano del cielo -ante el cual todos los demás seres espirituales se inclinan- no tuvo los privilegios de los ciudadanos romanos de la tierra, sin embargo, a pesar del intenso sufrimiento al cual fue sometido nuestro amado JESÚS, convirtió aquel monte Calvario en un santuario, y la cruz, en un púlpito, y desde allí, pronunció las Siete Palabras.
La Segunda Palabra del SEÑOR en la cruz, tiene que ver con la compasión que trajo a JESÚS desde el cielo a la tierra, Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10; RV60). Por su Persona y su Misión, JESÚS es el ser humano más extraordinario que ha pisado este planeta. Ciertamente, Él es el eterno Dios Hombre. La Biblia enseña que JESÚS de Nazaret, el Carpintero de Galilea fue y es el Hijo de Dios. Él es la Segunda Persona de la Trinidad. Hasta hoy, nadie nació como Él; nadie vivió como Él, ni murió como Él, pero, tampoco, ¡nadie resucitó como JESÚS! Todas las religiones vivas hoy en el mundo pueden seguir, sin importar mucho la categoría moral y santa de sus fundadores, pero el centro de la fe cristiana es JESÚS y su carácter humilde, santo y puro. ¡Sin JESÚS el cristianismo sería una religión más de las muchas que han existido y existen! Es más, sin JESÚS no hay salvación: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Ese fue el mensaje que predicó la iglesia del primer siglo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Pero volvamos al Calvario, había dos hombres muriendo crucificados a la par de JESÚS, uno de ellos, clamó a JESÚS diciéndole: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Aquel moribundo se acercó a la Persona correcta para buscar el auxilio seguro en medio de aquella agonía. En efecto, Dios había dicho a través de Isaías: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22; RV60). Una mirada de fe, arrepentirnos de nuestros pecados y confesar con nuestros labios que JESÚS es el SEÑOR, ¡es lo único que necesitamos para ser salvos!: “En realidad, dice: «El mensaje está muy cerca de ti, está en tus labios y en tu corazón».Y ese mensaje es el mismo que nosotros predicamos acerca de la fe: Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:8,9; NTV).
He pasado algunos años de mi vida enseñando por muchos lugares lo que he aprendido. Todo pecador necesita confesarle a Dios sus pecados y arrepentirse de ellos, y confiar únicamente en JESÚS para ser salvo. Luego que la persona hace esa decisión y confesión, tenemos que darle la seguridad de su decisión y seguridad de la salvación. Sé que algunos amados míos en la fe, no han llegado a tener la seguridad de su salvación, pero el SEÑOR quiere que nosotros estemos seguros que nuestra relación con Él es enteramente por su Gracia desde el principio hasta el fin; Dios quiere que estemos seguros porque Él nos regala el cielo, el Paraíso para llamarlo de otra manera conocida, por fe y solamente por fe.
Aquella tarde, el ladrón arrepentido no tuvo tiempo ni forma de hacer nada para ser salvo -los que piensan que el bautismo salva, y que la salvación eterna tenemos que ganárnosla por nuestras buenas obras, no encontrarán en esta preciosa escena de la misericordia de Dios un asidero-, por el contrario, los que pensamos que la salvación es un regalo de Dios que se obtiene por la fe en JESÚS, encontramos en la escena, una reafirmación de la doctrina de la salvación por fe y que la seguridad de nuestra salvación es total. Por eso, JESÚS, a pocos minutos de morir, le dijo a aquel nuevo convertido: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. ¡No hay duda!: La seguridad que Dios ofrece a los que mueren depositando únicamente en Él su confianza de salvación, es que son salvos desde el más acá hasta el más allá. ¡Bendito y alabado sea nuestro Dios por esta seguridad total!
En la España del llamado Siglo de oro de la poesía, hubo un religioso o religiosa que expresó la seguridad del creyente en JESÚS, y el amor que este hecho despierta en el corazón del pecador; esta joya de la poesía mística, es anónimo porque en aquel tiempo expresar esta seguridad de la salvación le llevaría a la tortura y a la muerte, en medio de la oscuridad de la Santa Inquisición; hace muchos años que a este poema lo aprecio y recito, sigue siendo mi soneto favorito.
A Cristo Crucificado.
Anónimo.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Oración:
Amado Padre Celestial:
Mi espíritu, mi alma y mi corazón te alaban al comienzo de este día. Se tú mi Señor y Salvador y mi amigo en todo lo que haga. Tú has recreado tu imagen en mí a través de JESÚS; me has dado un perdón total; tengo paz contigo para siempre. Ayúdame a perdonar a los demás, y a perdonarme a mí mismo. En el nombre de JESÚS, amén.
La seguridad de nuestra salvación es total porque es la promesa del amor incondicional de Dios.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe alguna promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe alguna lección por aprender?
¿Existe alguna bendición para disfrutar?
¿Existe algún mandamiento por obedecer?
¿Existe algún pecado por evitar?
¿Existe algún pensamiento para llevarlo conmigo?

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