viernes, 1 de marzo de 2013

Un día muy especial


Mis amados perlistas todos:
El bautismo bíblico por inmersión es la representación objetiva de la experiencia subjetiva de nuestra salvación por los méritos de Cristo. Nuestro cuerpo sumergido representa la muerte y entierro, y al ser levantado de las aguas representa la resurrección (Romanos 6:4). ¡Gracias al Señor hoy cumplo 49 años de bautizado! Por este intermedio agradezco a mis padres espirituales, el hermano misionero Carlos B. Clark y su amada esposa Shirley, por haberme recibido en su hogar y explicarme toda esa doctrina inicial. ¡Gracias papá Clark por tu ejemplo! Igualmente, a mi amado Luis Magín Álvarez D., quien le testificó a Adonis Rodríguez, y éste me llevó a la iglesia. Por eso, Magín es mi “abuelito” espiritual. Mi gratitud es inmensa a todos los hermanos que me han ayudado a ser quien soy. Algunos, todavía viven de los que estuvieron allí, como la hermana Olga de Herrmann y mi hermano Arturo Herrmann, su hijo. ¡A todos los abrazo con mucho gozo en este día!
Con mucho afecto, y en espera de sus oraciones por los kilómetros finales de esta preciosa carrera cristiana, en la cual participamos desde que obedecimos al Señor en el bautismo.
Pastor y amigo,
Francisco Aular

Un día muy especial
 
Ese día, unas tres mil personas creyeron en el mensaje de Pedro. Tan pronto como los apóstoles los bautizaron, todas esas personas se unieron al grupo de los seguidores de Jesús. Hechos 2:41 (TLA)

Amaneció un poco nublado sobre el valle de Caracas aquel inolvidable domingo 1 de marzo de 1964, pero mi corazón estaba inflamado por el gozo de mi bautismo, el cual celebramos en un lugar llamado "Los Chorros" al este de la Capital de Venezuela. En ese tiempo, allí había un salto de agua y un pozo, en donde muchas veces los caraqueños iban de paseo familiar. Eran las 7 de la mañana, y el agua estaba un poco fría, los hermanos nos rodearon desde la orilla, recuerdo que una hermana tocaba el acordeón y las notas del himno "En las aguas del bautismo" se elevaron, la voz de tenor de mi pastor Carlos Clark sobresalía en aquel coro improvisado, que a mi entender, cantaban como ángeles. Mientras el pastor cantaba, se iba metiendo al agua y cuando ésta le llegó a la cintura, me hizo una seña para que avanzara hasta donde él se encontraba; avancé y me coloqué a mano izquierda de mi amado pastor; crucé las manos sobre mi pecho, y al poner el pastor su mano sobre las mías, debió sentir que mi corazón y mi pulso se aceleraron. Los hermanos dejaron de cantar, pero el ruido del agua al caer y las aves cantoras del Ávila hicieron marco a la voz del pastor cuando dijo: "¿Francisco, ya has confiado en JESÚS como tu Señor y Salvador?" Con la seguridad que tenía de haber nacido de nuevo, dije con toda firmeza: "¡Sí, señor!", nuevamente la voz del hermano Clark se oyó, "¿Francisco, entiendes que el bautismo es un símbolo de lo que JESÚS ya hizo por ti?", nuevamente respondí: "¡Sí, señor!", siguió diciendo el Pastor, “entonces amado hermano Francisco Aular, habiendo oído tu profesión de fe y de tu amor por nuestro Señor Jesucristo, por la autoridad de la misión bautista Emanuel y como ministro que soy del Evangelio, te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Acto seguido el pastor me sumergió completamente en la abundante agua. Subimos del pozo, y miré a mis dos amigos que habían hecho tanto para que yo llegara a los pies del SEÑOR: Orestes Martín Ramos y Adonis Rodríguez, ambos vinieron con toallas, una para el pastor y la otra para mí. Orestes, con ese acento cubano, me dijo: “¡Mira chico, te traje un termo con té y limón bien caliente!”, y no se quedó tranquilo hasta que me lo tomé. El pastor nos convocó nuevamente para orar y salir al templo, donde me esperaba la segunda ordenanza que por mandato del mismo SEÑOR celebramos: La Santa Cena. ¡Verdaderamente aquel fue un día muy especial!
Nunca olvidaré el rostro de mis amados hermanos en aquel día, y de los amigos que había invitado para que me acompañaran, vi el gozo del Espíritu en sus rostros. Ciertamente el bautismo no nos convierte en parte de la familia de Dios, eso es lo que ocurre el día que nos arrepentimos de nuestros pecados y aceptamos el regalo de la vida eterna en JESÚS, Dios nos declara sus hijos (Juan 1:12); el bautismo muestra que somos parte de la familia de Dios, y que no tenemos vergüenza de seguir el ejemplo de JESÚS, sin embargo, el bautismo es como el anillo que colocamos el día de la boda en el dedo de la persona amada, una señal visible del amor y compromiso interno que sale del corazón.
Una vez más, hoy, quisiera levantar un monumento de gratitud a los amados que me han ayudado a ser la persona que soy a través de estos cuarenta y nueve años, creo que si devolviera a cada uno de ellos las partes de sus propias vidas invertidas en este humilde campesino venezolano, me quedaría con muy poco. ¡Que el Señor sea honrado y glorificado!
Oración:
Amado SEÑOR JESÚS, tú dijiste: "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré de mi Padre que está en los cielos". Así que te pido que yo nunca me avergüence de ti, ni de la familia espiritual que me has dado. Ayúdame a amar a tu Iglesia como tú la amas. Amén.
Perla de hoy:
El bautismo aunque no tiene poder salvador, no es una opción, sino que representa nuestra identificación y compromiso con JESÚS, en gratitud a la salvación que nos ha dado; es un paso de obediencia hacia nuestra madurez cristiana.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

 

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