martes, 19 de febrero de 2013

Sin amor estoy en quiebra


Francisco Aular
faular@hotmail.com

Si no tengo amor, de nada me sirve darles a los pobres todo lo que tengo. De nada me sirve dedicarme en cuerpo y alma a ayudar a los demás. 1 Corintios 13:3 (La Biblia en lenguaje actual)
 
No estamos aquí para enderezar el mundo como sistema antagónico a Dios, por el contrario, tenemos que aprender a percibirlo tal y como es, y ayudar a los seres humanos a salir de ese sistema. ¿Cómo vamos a hacerlo? El amor es la respuesta. Pero, ¿cuál clase de amor? Veamos.
Durante los días en que el Apóstol escribió, existían tres palabras en el griego cuyo significado era amor, las tres han sido traducidas al castellano con el término "amor". El sustantivo eros y el verbo  eran, tenían que ver con la palabra para definir amor pasional, el amor entre sexos; es el amor físico, de allí viene erotismo, y que se define como la capacidad de excitar el deseo sensual. Este es el amor para inflar el ego, y busca solamente la satisfacción personal, la frase clave para este tipo de amor es: "Te amo si me das algo". No aparece esa palabra en el Nuevo Testamento.
Fileo o philia es el amor que denota calidez, intimidad y afecto para las personas más allegadas a nosotros, como la familia, amigos íntimos y, también, los hermanos de la iglesia philadelfia. La frase clave para este tipo de amor es: "Te amo porque…", sin embargo, el cristianismo necesitó una palabra que fuera mucho más allá de las emociones, y afortunadamente, el griego ya la tenía: ágape. Se diferencia del primero porque no busca lo suyo y del segundo porque no es el resultado de nexos familiares o gregarios. La frase clave es "Te amo a pesar de…", es un amor incondicional.
Pues bien, el cristiano nacido de nuevo está capacitado por el Espíritu Santo, para accionar este tipo de amor que surge de nuestra voluntad: "Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado" (Romanos 5:5; NVI). Dios produce en nosotros esta clase de amor, con el cual debemos amar a Dios y a nuestros semejantes, esto es el fruto del Espíritu Santo: "En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas" (Gálatas 5:22,23; NVI). ¡Son nueve virtudes que el Espíritu Santo produce en el cristiano nacido de nuevo! ¡Éstas, entre muchas otras, ya viven en nosotros! Pero tenemos que aprender a desarrollarlas y mostrarlas a medida que crecemos en JESÚS.
¡Dios nos ama! ¡Son las buenas noticias que nos trajo JESÚS! Nos ama con el mismo amor ágape señalado en 1 Corintios 13, llamado el capítulo del amor. Su amor no está condicionado por nuestra conducta: "Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros" (Romanos 5:8; NVI). Algunos piensan ser perfectos moralmente, antes de venir a Dios. Eso sería como no ir al médico hasta sanarse. Mi amado, mi amada, debemos ir a Dios tal como estamos y somos. No obstante esto, podemos estar seguros que una vez, nacidos de nuevo por la fe y la confianza en JESUS como nuestro Señor y Salvador, su gracia depositará en nosotros su Santo Espíritu, el cual derramará su amor en nuestros corazones para poder amar como Él ama.
Si no amo como Él ama, después de ser su hijo, estaría metido en un dilema: "Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor" (1 Juan 4:7,8; NVI). Si somos hijos de Dios, tenemos poder para amar por fe; si no amamos como Dios ama, no hemos sido salvos y en consecuencia estamos perdidos, en otras palabras: Sin amor estoy en quiebra.
Oración:
Amado JESÚS, creo en ti, mi Cristo, porque me llevaste hacia ti con el poder de tu infinito amor. ¡Creo en ti mi Señor y Salvador!, por tu amor al humillarte y tomar un cuerpo humano; por tus sufrimientos que no merecías; por la cuesta del Calvario que subiste y la cruz que padeciste, y por la victoria de la Resurrección. Creo que compraste un lugar para mí en el cielo, y en virtud de tu amor infinito, he puesto toda mi confianza en ti, me he arrepentido de mis pecados y flaquezas, y como un regalo, me diste tu perdón y salvación. Que yo sea ante todo, un monumento  andante de tu amor, hasta el día en que esté contigo para siempre. ¡Bendito seas Señor¡ Amén.
Perla de hoy:
Como hijos de Dios, todo lo que hagamos es amor en acción.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjanos tus comentarios