miércoles, 31 de octubre de 2012

“Sola fide”


Francisco Aular
 
Nosotros no creemos que podamos hacer nada para salvarnos. Si la salvación dependiera de la circuncisión, yo podría sentirme más orgulloso que cualquiera: me circuncidaron a los ocho días de nacido, pertenezco a la nación de Israel, y soy de la tribu de Benjamín; ¡soy más hebreo que muchos hebreos! En cuanto a cumplir la ley, pertenecí al grupo de los fariseos. Filipenses 3:4,5.

“Sola fide” significa solamente por la fe; por la fe en la Palabra de Dios. Ante un sistema religioso cerrado que no deja espacio, y viendo la historia del cristianismo, nos preguntamos: ¿Qué lleva a un ser humano que ha sido levantado por su familia en un sistema religioso prolijo, complejo y compacto a abandonar todo ese bagaje familiar-religioso y aventurarse en una nueva fe? ¿Qué fuerza poderosa es capaz de hacer que un solo hombre se levante contra un imperio religioso y lo haga tambalear por sus cuatro costados? ¿Qué movió a ese individuo a levantar un movimiento capaz de una revolución espiritual que cambió la historia?
En efecto, las vidas de Pablo y Martín Lutero nos van a enseñar una gran verdad. La religión, por muy perfecto que sea su engranaje, no es suficiente para tener la seguridad de agradar a Dios y aceptar su Salvación. Tanto Pablo como Lutero eran hombres profundamente religiosos desde la cuna. Pablo nació en medio de la religión que Dios entregó a Moisés en el Sinaí. Martín Lutero fue producto del catolicismo romano de la Edad Media. El Primero tuvo su encuentro personal con Dios, camino a Damasco; el segundo, tuvo su encuentro con Dios al estudiar la Escritura y descubrir la salvación como regalo de Dios a través de la fe en Jesucristo. Pablo fue perseguido por los judíos, sus correligionarios; Lutero fue perseguido por los católicos romanos, sus correligionarios. 
De hecho, tanto a Pablo como a Martín Lutero los siglos los han revindicado. Pablo es reconocido como el teólogo y misionero más grande de la historia del cristianismo. Martín Lutero es considerado como el líder principal de un movimiento cristiano llamado el protestantismo. Martín Lutero no quería dejar la Iglesia Católica Romana. Encabezó un esfuerzo para que La Iglesia Católica Romana regresara a sus raíces bíblicas, pero hasta hoy no ha sido logrado. No obstante abrió las puertas al avivamiento de otras congregaciones que ya existían, como los valdenses y anabautistas que conquistaron a Europa en aquellos años del siglo XVI. Nuevos y talentosos hombres de Dios surgieron: Juan Calvino, Ulrico Zwinglio, Phillip Melanchthon; Tomás Mützer, Juan Knox y centenares más. No fueron hombres perfectos, tuvieron sus errores; eran seres humanos, pero estuvieron por encima del descrédito en que el clero romano había caído en aquellos días.
“Sola fide” fue la conclusión a la que llegó aquel teólogo alemán, al estudiar detenidamente la Palabra de Dios, y, al descubrir la verdad de la justificación por la fe, expuesta por el apóstol Pablo, y que, al descubrirla, la hizo suya. De esta manera, el 31 de octubre del año 1517, el monje agustino Martín Lutero caminó resuelto hacia el templo del Castillo de Wittemberg, Alemania. Con determinación y sin que le temblaran sus manos, el sacerdote de 34 años levantó el martillo y clavó uno de los escritos más estridentes de la historia religiosa. En esa época, las puertas de los templos servían a las comunidades como medios de comunicación. No hizo falta ni un mes para que los gritos del documento se oyeran en toda Europa y muy especialmente dentro del Vaticano. El documento que no pretendía otra cosa que ser la voz solitaria en la inmensa noche de la Edad Media, no era otro que las llamadas Noventa y Cinco Tesis. Si Roma hubiera oído aquella voz, hoy contáramos esta historia de otra manera.
Martín Lutero, al igual que otros héroes de la fe, nos dejó un gran legado que los evangélicos modernos no debemos echar al olvido. El mismísimo Papa Juan Pablo II pidió perdón ante las injusticias que se hicieron con aquel monje que leyendo la Escritura, descubrió lo que Pablo había escrito 1500 años antes, que nuestra justificación delante de Dios es solamente por fe; Martín Lutero lo subrayó en su Biblia cuando escribió: “Sola fide”, Solamente por fe. No convirtamos el glorioso evangelio que costó sudor, lágrimas, sangre y muerte a muchos amados para que llegara a nosotros, en una fórmula mágica para triunfar en este mundo material y por lo tanto, temporal. No me canso de decirlo, Jesucristo no dejó su Gloria para que yo viva un evangelio de pura oferta y facilismo. Martín Lutero pagó un precio en sus días: Se alejó de Roma, que representaba para él todo en esta vida, pero se acercó a Dios, y aceptó la salvación como un regalo, mantuvo la fe y triunfó. Tú y yo, al salir de este mundo, tenemos que dejarle a la futura generación lo único que también nos podremos llevar al salir de él, la herencia incorruptible de la salvación por fe.
Pues bien, sin la existencia de la Palabra de Dios nunca hubiéramos tenido un 31 de octubre de 1517, ni a Martín Lutero y sus famosas 95 tesis, que en un día como hoy hace 495 años, iniciaron la Reforma Protestante. Para Martín Lutero, para los otros grandes reformadores, y para nosotros hoy, la Biblia es nuestra máxima autoridad de fe y práctica. En la Palabra de Dios encontramos la respuesta divina a nuestras angustias espirituales en medio de un mundo injusto. La Palabra de Dios ilumina hasta el último resquicio de nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. ¡Por esta Palabra vivo; por esta Palabra muero! ¡Feliz día de la Reforma Protestante para todos a los que nos ha llegado la iluminación, poder y gracia de la Palabra de Dios!

Oración:
Amado Padre Celestial:
¡Gracias por dejarnos tu bendita Palabra, y darnos el don de la fe para hacerla vivir en nosotros por el poder del Espíritu Santo! ¡Levantáte SEÑOR e ilumina con tu Palabra nuestro andar diario, y ayúdame con tu poder y gracia llevarla a los demás! En el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
Martín Lutero, al igual que otros héroes de la fe, nos dejó un gran legado que los evangélicos modernos no debemos echar al olvido.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento por obedecer?
¿Existe un pecado por evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Déjanos tus comentarios