martes, 9 de octubre de 2012

¡Seguir en la lucha!


Francisco Aular
 
Es por eso que trabajo y lucho con tanto empeño, apoyado en el gran poder de Cristo que actúa dentro de mí. Colosenses 1:29(NTV)

Los peldaños de la escalera del éxito, generalmente, están llenos de intentos y fracasos. Hace muchos años, existió un hombre que superó muchos intentos para llegar a ser un héroe admirado y respetado por su pueblo y por el mundo: Abraham Lincoln; el gran hombre, en su lucha para llegar a cumplir sus sueños y metas, tuvo mucho obstáculos: En 1833 compitió para ir a la Cámara de Representantes por su estado, y perdió; cuando superó el duelo de su derrota, siguió luchando; volvió a perder en 1848, pero, cada fracaso lo usó como plataforma de lanzamiento para un nuevo intento. En 1854 volvió a perder en su aspiración de ir al Senado; dos años después, en 1858 fue candidato a Vicepresidente del Senado y, también fue derrotado; siguió luchando, y, en el año 1860 fue electo presidente de los Estados Unidos; en la historia de su nación ocupa un lugar de honor como uno de los mejores presidente que ha tenido esa nación. ¡Seguir en la lucha a pesar de sus fracasos le dio el triunfo final! Con razón, Simón Bolívar dijo: “El arte de vencer se aprende en las derrotas”.
No le busques tantas vueltas a tus derrotas; no culpes a nadie de ellas; no te quedes  tampoco en los logros del pasado; decide no vivir por debajo de tu verdadero potencial; vive el duelo de cada derrota, pero no te postres ni renuncies porque, ¡el mundo entero está esperando que te levantes y triunfes! ¡Inscríbete ya en la próxima acción que te llevara definitivamente al cumpliento de lo que Dios tiene para ti! ¡Dios no ha muerto!, y por lo tanto, no hemos visto, ni veremos su entierro pasar. ¡Sigue en la lucha sin mirar atrás!, a no ser para guiar a tus seguidores que te admiran y respetan. No importa adónde has llegado porque, ¡Dios tiene mucho más en tu futuro! Pase lo que pase, si eres una persona de Dios, ya eres un triunfador poque Él no patrocina fracasos.
¡Seguir en la lucha!, ese fue el lema del apóstol Pablo: “Es por eso que trabajo y lucho con tanto empeño, apoyado en el gran poder de Cristo que actúa dentro de mí” (Colosenses 1:29; NTV). En efecto, Pablo había sido un hombre muy religioso y celoso de la fe de sus padres, sin embargo, Dios quería mucho más de él y se le apareció en medio de sus luchas por llegar a ser el fariseo más grande de su tiempo, pero, lo convirtió en el Apóstol más grande de la historia del Cristianismo, y desde aquel precioso día de su encuentro con JESÚS en el camino a Damasco, tuvo un nuevo nacimiento, mediante el cual, Dios le dio un nuevo propósito para vivir y para morir:  “Pero mi vida no vale nada para mí a menos que la use para terminar la tarea que me asignó el Señor Jesús, la tarea de contarles a otros la Buena Noticia acerca de la maravillosa gracia de Dios” (Hechos 20:24; NTV).
¡Seguir en la lucha!, es proseguir con el plan que Dios tiene para nuestras vidas; Pablo entendió que era un hombre que tendría que forjar a otros hombres para Dios. ¡No es tarea fácil! Cuando escribió el versículo que nos ocupa hoy, usó la palabra “trabajo” que en griego significa “agonía”, es decir, una tarea que se realiza hasta agonizar por cumplirla. Cuando Pablo evangelizaba, no solamente buscaba un número más, sino forjar en el nuevo creyente el carácter del mismo JESÚS: Por lo tanto, hablamos a otros de Cristo, advertimos a todos y enseñamos a todos con toda la sabiduría que Dios nos ha dado. Queremos presentarlos a Dios perfectos en su relación con Cristo” (Colosenses 1:28; NTV). Pablo entendía que todo ser humano cuando llega a tener una relación personal con Dios, con el valioso tesoro de su salvación y con el poder del Espíritu Santo, tiene que luchar para que lo que él posee por gracia, le llegue también a otros: Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos” (2 Corintios 4:7; NTV). Un cristiano nacido de nuevo llega a ser “perfecto en su relación con Cristo” cuando es capaz de tener como estilo de vida el ser un discípulo, y el hacer discípulos. ¡Tienes una misión y un propósito para vivir y Dios quieres que lo hagas desde hoy! No desmayes, pues todos tenemos que, ¡seguir en la lucha!

Oración:
Amado Padre Celestial:
Aquí estoy SEÑOR, siguiendo en la lucha para el propósito que me has dado por tu gracia para vivir. Me esforzaré en tu gracia como si todo este esfuerzo dependiera de mí solamente, pero confiaré en tu soberanía para el triunfo final. Ayúdame para compartir este tesoro que llevo dentro de mí. En el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
¡No importa adónde has llegado porque Dios tiene mucho más en tu futuro! Sigue en la lucha hasta lograrlo.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento por obedecer?
¿Existe un pecado por evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

 

 

 

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