lunes, 19 de diciembre de 2016

Navidad: “Y el Verbo se hizo hombre” (2)

Francisco Aular
Lectura devocional Juan 1:1-18
Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan 1:14 (NVI)

Estamos viviendo tiempos difíciles; tiempos en los cuales pareciera que vivimos en reversa en vez de avanzar; indudablemente estos son tiempos proféticos: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!.”(Isaías 5:20 NVI). En efecto, estamos viviendo en tiempos amargamente conflictivos, de total desprecio a la vida, desprecio al cuerpo. En un país de Latinoamérica, tristemente, este año se cierra con una proyección estadística de más de veinte mil homicidios, y muchos de ellos, murieron con sus cuerpos jóvenes. El terrorismo a escala mundial que masacra los cuerpos de seres humanos inocentes en nombre de su religión, los que los aniquilan porque no son de su misma ideologías; las guerras que no cesan a pesar de tantas asambleas mundiales sobre la paz; el dramático aumento del número abortos; los suicidios; la autodestrucción de los cuerpos por medio de la farmacodependencias. Estas son apenas, algunas conductas dañinas las cuales está desvalorizando el cuerpo humano que, polvo o no, es la creación más amorosa, inteligente y más perfecta de Dios.
El dualismo helénico consideraba el cuerpo como el compañero malo de alma, ésta estaba prisionera de aquel. El cuerpo, sostenían los griegos, no es esencial para la persona. Se posee solamente por su razón instrumental más o menos útil. En un texto de “Fedón” Platón dice que por culpa del cuerpo, al ser humano “no nos es posible tener un pensamiento sensato”.
Los judíos, en cambio, afirmaban que la persona no puede prescindir del cuerpo. El ser humano, insistían los judíos, no tiene un cuerpo: es un cuerpo. Una casa está hecha de materiales de los que ninguno es casa; de la misma manera un cuerpo está formado de miembros de los que ninguno es el cuerpo, pero que, todos juntos, lo constituyen.
Me adelanto en decir que esta maravilla anatómica no es consecuencia de una evolución biológica a partir de una célula marina; es creación única y directa del Logo, de la Palabra, de Dios. De ahí su gran valor, de allí el respeto y honor que aún después de muerto el cuerpo, se le honre.
Por otra parte, en la concepción cristiana del Nuevo Testamento, el cuerpo recibe su lugar que le corresponde: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. (1 Corintios 6:19-20). Pues bien, ¡Todas esas doctrinas filosóficas o religiosas que castigan al cuerpo que lo maltratan, que lo afean, que lo menosprecian, están muy lejos del Cristianismo verdadero! La maldad no surge de nuestro cuerpo sino de nuestra mente carnal, del corazón como lo dijo JESÚS. Es naciendo de nuevo por la fe en JESÚS como llegamos al alcanzar lo máximo del plan eterno que Dios tiene para nosotros, ser familia de Él, y vivir con Él, en el cielo. Es más, el Cristianismo bíblico, no concibe la felicidad celestial en el alma separada y prescindiendo del cuerpo, a la manera griega, sino que recurre al futuro cuerpo resucitado que como JESÚS, algún día poseeremos, que si bien es distinto al que se deposita en la tumba, continúa siendo indispensable en el plan eterno de Dios.
De esta manera, llegando el tiempo en que, la Palabra, el Verbo había de hacerse un cuerpo, el Padre le “preparó cuerpo”, según la expresión de Hebreos 10:5. De esta forma Dios estaba revalorizando al cuerpo humano, elevándolo desde donde había caído por la desobediencia de Adán hasta su plenitud en la perfección de la obediencia en JESÚS, de esta manera igualmente, el cuerpo volvió a su categoría original que Dios tuvo en mente: Desde antes de crear el mundo, Dios nos eligió por medio de Cristo para que fuéramos sólo de él y viviéramos sin pecado. Dios nos amó tanto que decidió enviar a Jesucristo para adoptarnos como hijos suyos, pues así había pensado hacerlo desde un principio. Dios hizo todo eso para que lo alabemos por su grande y maravilloso amor. Gracias a su amor, nos dio la salvación por medio de su amado Hijo. (Efesios 1:4-6 La Biblia lenguaje actual). Partiendo desde allí, se hace claro que en la primera Navidad: la Palabra se hizo cuerpo. Juan, el evangelista que había andado con JESÚS, escribe su Evangelio, casi al final de sus días en la tierra, habían pasado muchos años de los acontecimientos de aquella Natividad de Su Señor y Salvador, sin embargo, todavía lleno de admiración por el milagro de la Encarnación, escribe: “Y el Verbo se hizo hombre.” ¡Alabemos a Dios por este Regalo de amor para nuestra salvación! ¡Qué viva la Navidad del Señor! ¡Feliz Navidad!
Oración:
Padre eterno:
Me doy cuenta una vez más que no existo por casualidad, mi vida tiene un propósito llegar a conocer a JESÚS, la Palabra Encarnada. Ayúdame a anunciar el corazón de la verdadera Navidad: Dios con nosotros. En el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
No menosprecies a tu cuerpo en estas fechas, cuídalo como templo de Dios que eres.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe alguna promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe alguna lección por aprender?
¿Existe alguna bendición para disfrutar?
¿Existe algún mandamiento por obedecer?
¿Existe algún pecado por evitar?
¿Existe algún pensamiento para llevarlo conmigo?


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