miércoles, 26 de noviembre de 2014

Mi oración de acción de gracias

Francisco Aular
faular @hotmail.com      
Lectura devocional: Lucas 17:11-19
Jesús preguntó: “¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió para darle gloria a Dios excepto este extranjero?” Lucas 17:17,18 (NTV)

Amado Padre Celestial:
Yo soy aquel leproso que tú salvaste y sanaste. Hoy regreso y me postro a tus pies para darte gracias. Hoy grito delante de todos: ¡Mírenme, estoy sano y salvo, gracias a mi amado JESÚS!
Aquí me tienes al frente de la mesa del hogar que tú me permitiste fundar. Las manos de la esposa que me diste la han preparado con amor para nosotros, como lo hacen todos los días. Los hijos y los nietos, como vástagos de olivos, están alrededor de la mesa. Nuestros hijos son la herencia que nos diste en nuestra juventud. Los nietos son como las flechas en manos del guerrero, disparados por sus padres hacia lo bueno, lo grande y lo puro. Es nuestra confianza, Señor, que nuestros hijos y nietos habitarán seguros y su descendencia estará firme delante de Ti. Como lo hicieron los Peregrinos del pasado, hoy nosotros también hemos emigrado a las costas de esta gran nación.
SEÑOR, hoy como familia inclinamos nuestros corazones y pensamientos delante de tu grandeza. Humildemente reconocemos y confesamos nuestros pecados delante de ti, y te damos gracias que por tu gran misericordia no hemos sido consumidos. Porque tu gran amor nunca se acaba y tu compasión jamás se agota; por el contrario, cada mañana se renuevan tus bondades. Puedo proclamar Señor a los cuatro vientos cardinales que, ¡muy grande es tu fidelidad! Por esto, aún en los momentos en que el mismo cielo parece de bronce, te busco y te digo: ¡Tú eres todo lo que tengo! ¡En ti esperaré!
Vengo a darte gracias por el hogar que me diste. ¡Cuánto te lo agradezco! Ningún don puede ser superior al de los lazos familiares pero no me olvido que mi nacimiento no fue un error, ni fruto de la casualidad. Porque tú has dicho: Yo soy Dios, tu Creador. Te cuidé aún antes de que nacieras. (Isaías 44:2) Por ello puedo afirmar: “me conoces por dentro y por fuera. Conoces cada hueso de mi cuerpo; sabes como fui hecho, parte por parte, cómo fui esculpido…Tú viste cuando mi cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra;¡aún no había vivido un solo día, cuando tú ya habías decidido cuanto tiempo viviría!¡Lo habías anotado en tu libro!” (Salmo 139:15,16, TLA)
Mi Señor y mi Dios, en estos días amargos e inseguros, de peligros y amenazas de todo género, y de los problemas financieros que nos agobian, confío en tí. En estos días en que las voces aún de los pacificadores se quiebran y callan; en estos días tan difíciles para el ser humano, Señor, tú eres la única esperanza. En estos días en que vivimos aterrados, Señor, tú eres nuestro consuelo y nos das fortaleza para levantarnos. En estos días en que el pesimismo nos proclama que iremos de mal en peor, Señor, yo me levanto de las cenizas de los éxitos de otras épocas y proclamo que vienen tiempos mejores y que lo mejor está por venir. Respiro profundo y digo lleno de entusiasmo: Todo lo puedo en ti que me fortaleces. ¡No tenemos tiempo que perder, existe una tierra prometida y nos lanzaremos en tu gracia a poseerla y la conquistaremos para tu honra y gloria!
Señor es con todo esto en mente, que canto esta antigua canción:
 Aunque la higuera no dé renuevos,
ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
ni ganado alguno en los establos;
aun así, yo me regocijaré en el Señor,
¡me alegraré en Dios, mi libertador!
El Señor omnipotente es mi fuerza;
da a mis pies la ligereza de una gacela
y me hace caminar por las alturas.”
(Habacuc 3-17-19, NVI)
Señor, mi Dios, muestra tu amor en medio de los pueblos y de los tiempos, porque tú de tal manera nos amaste que has dado a tu Hijo Jesucristo para que todo aquel que en Él deposite toda su fe y confianza pueda ser salvo. Permite que el bello sonido de esta promesa llegue a los oídos de la humanidad, para que todos tengan la oportunidad de abrir sus corazones, mente y verte con el alma y el espíritu.
Tú, oh Señor eres mi Pastor y nada me falta. Me conduces hacia los verdes prados y allí descanso, sin ningún temor. Me conduces a las aguas tranquilas y en su remanso encuentro la paz; me infundes todas las fuerzas necesarias para vencer. Por el amor, respeto que tengo hacia Ti, me guías por las sendas antiguas por dónde anduvieron los grandes hombres y mujeres que estuvieron aquí, mucho antes que yo. ¡Tú eres mi Dios, mi luz y salvación, en ti pongo mi esperanza todo el día y la noche!
SEÑOR, escucha mis acciones de gracias y llegue mi clamor ante tu presencia. Mi alma te alaba y no he olvidado ninguno de tus beneficios. Fui joven y he envejecido, soy testigo que tú afirmas los pasos de quiénes te buscan y te agradan viviendo vidas consagradas a tu Nombre. Te imploro que aún aquellos que no han nacido todavía tú los llames a servir a sus generaciones conforme a tu eterno propósito de que un día todos los pueblos vengan delante de tí, y todas las naciones teman ante tu santo Nombre y todos los reyes de la tierra reconozcan definitivamente, oh Dios, que tú eres Rey de reyes y Señor de señores. Porque tú, Señor reinas para siempre y eres digno de recibir la gloria y el poder. Por eso, Padre amado, te rindo estas acciones de gracias en el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
La fe florece en el jardín de las acciones de gracias.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?
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