jueves, 24 de abril de 2014

¿Es importante lo que creemos?

Francisco Aular
faular@hotmail.com
Lectura devocional: Judas:1-25
Queridos hermanos, he deseado intensamente escribirles acerca de la salvación que tenemos en común, y ahora siento la necesidad de hacerlo para rogarles que sigan luchando vigorosamente por la fe encomendada una vez por todas a los santos. Judas 3 (NVI)

Se cuenta que hace muchos años en Madrid, cuando el carbón era la fuente principal de energía para calentar las casas en el invierno, llegó un carbonero evangélico para llevar su reparto a una familia. En la hora de almuerzo y descanso, aquel hombre piadoso, sacó su Biblia y se puso a leerla. En eso, la señora del lugar le preguntó: “Buen hombre, ¿cuál es su creencia? -el hombre respondió-, bueno, yo creo en lo que cree mi iglesia. Y bien -continúo la mujer-, ¿qué es lo que cree su iglesia? El buen creyente respondió, mi iglesia cree en lo que yo creo. ¡Muy bien, muy bien!, exclamó la mujer un poco impaciente, y, ¿en qué creen usted y su iglesia?, en tono de una profunda convicción, el hombre respondió, ¡mi iglesia y yo, creemos exactamente lo mismo!”.
Es muy importante conocer lo que nos dice la Biblia y luego saber transmitirlo a los demás. Porque como dice un antiguo himno evangélico: /Santa Biblia, para mí, eres un tesoro aquí/ Tú contienes con verdad la divina voluntad: /Tú me dice lo que soy, de quien vine y a quien voy/. Si Dios es Dios no podía dejar en manos de cualquier pensador humano, por brillante que fuera, un asunto tan vital para el ser humano como lo es la salvación del alma. Tendría que habernos dejado algo objetivo sobre una propuesta tan subjetiva como la salvación, y en efecto, lo hizo, nos dejó la Biblia. La Sagrada Escritura es el mapa para llevarnos a Dios. Es necesario ir al sagrado Libro, leerlo, oírlo, estudiarlo, memorizarlo, meditarlo, y por sobre todo, aplicarlo a nuestras vidas.
Hoy en día, lamentablemente, muchas personas sufren de analfabetismo bíblico. Hay una gran confusión, hasta entre los mismos cristianos, sobre las fuentes de nuestras creencias.
Pues bien, debemos saber que algunos seres humanos buscan dentro de sí mismos, a través del intelecto, el razonamiento y las emociones su razón de ser en este mundo. Su lema es: “Si lo razono lógicamente, lo creo…”, en esta tipo de creencia el ser humano determina, por su capacidad de decidir, lo que es correcto o equivocado, lo que es bueno o malo y así sucesivamente. Dios, después de crear al ser humano, le aconsejó que se dejara dirigir por Él. Puso lejos del hombre el “árbol del conocimiento del bien y del mal”. El ser humano dirigido por Dios, no tiene que decidir lo que es bueno o malo, sino que Dios en su corazón lo dirige todo. Pero el ser humano desobedeció en el Edén, y quiso el ser creado convertirse en el Creador. ¡Esa es nuestra lucha como seres humanos hasta hoy! La caída del ser humano de aquel estado de gracia es la que todavía habita en el corazón de los hombres y mujeres de nuestros días: “¡Dios déjame que yo dirija mi propia vida!” El resultado de esta autonomía y autosuficiencia del ser humano está a la vista.
Judas, es escritor de una corta pero brillante carta apologética del primer siglo tuvo en mente: “defender la fe apostólica contra las falsas enseñanzas que estaban surgiendo en las iglesias”. Se nos exhorta a los cristianos nacidos de nuevo a, Biblia en mano y de persona a persona, luchar “vigorosamente por la fe encomendada una vez por todas a los santos” es decir, las verdades básicas de la fe que se nos dio de, “una vez por todas a los santos”, así que, huya de toda creencia en la cual se presente como fundamento un libro escrito por un “profeta”, “apóstol” o “maestro”, un “nuevo descubrimiento” teológico por la Biblia. ¡No! La Biblia es la única fuente verdadera de nuestra fe y práctica y se nos dio de “una vez por todas”. ¡Agárrese duro de ella, aprenda a compartir sus enseñanzas, sus valores, y vívalos! Eso es suficiente. Sí, es muy importante lo que creemos porque determina nuestro destino eterno y nuestra misión histórica  temporal en esta tierra.
Oración:
Amado Padre Celestial:
¡Alabado seas por tu Plan en el cual los seres humanos estaremos a tu lado por la eternidad en la Nueva Jerusalén!, la bella ciudad que estás diseñando para nosotros. El ser humano no es una mosca girando en este basto universo, sino un ser creado a tu imagen y semejanza, para lo santo, lo grande y lo eterno. Ayúdame a vivir para tu honra y gloria guiándome por tu Palabra, en el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
Teniendo la Biblia como brújula y al Espíritu Santo como Capitán, la llegada al puerto está asegurada.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?

¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

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