martes, 1 de noviembre de 2016

Castillo fuerte es nuestro Dios (2)

Francisco Aular
faular @hotmail.com
Lectura devocional: Salmo 46      
Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Salmo 46:1 (RV60)

Una de las razones por las que Martin Lutero se había hecho monje, como muchos otros que han vestido los hábitos, fue el interés en su propia salvación. Comenzó a trabajar en su salvación personal, pero mientras más esfuerzos hacía para alcanzarla a través de sus buenas obras, más perdido se sentía -no dudo que entre todos los documentos, teología, filosofía y los ritos que tuvo que aprender, había estudiado también la Biblia en latín-, así terminó sus estudios doctorales en teología en 1512, Lutero había usado su intelecto, sus experiencias espirituales y las tradiciones en su larga búsqueda de una verdadera fuente de autoridad espiritual, pero no la halló, fue entonces cuando la encontró en las Escrituras. Por eso, en medio de los debates que lo acusaban de hereje, y que sin duda, lo harían caer en manos de la temible Santa Inquisición, se aferró a su Biblia. ¡Las Escrituras pasaron a ser su única fuente de creencia y por ella estaba dispuesto a morir! Por eso dijo, que tanto el Papa como los Concilios Generales podían errar, que solo las Escrituras eran la verdadera autoridad, y que él reconocería que estaba en un error sólo cuando se le convenciera de que lo que él creía era contrario a la Biblia y a la sana razón.
Lutero nunca vaciló en cuanto a la importancia de la Palabra de Dios, tampoco vaciló en su empeño de hacer que se tradujera al alemán, su lengua materna. El latín era el idioma oficial de la religión, todo se hacía en un idioma casi desconocido para el pueblo, pero, sin duda, una de las grandes facetas de Lutero era la de escritor, así que, escondido en el Castillo de Wartburg, el reformador pasó por momentos de muchas aflicciones y pruebas, sin embargo, no estuvo ocioso, escribió, casi, una docena de libros y tradujo todo el Nuevo Testamento del griego al alemán, en solo nueve meses, años más tarde hizo también la traducción completa de la Biblia de los idiomas originales al alemán.
A la impresión y distribución de las Sagradas Escrituras, también contribuyó otro alemán, Johannes Gutemberg quien inventó la imprenta, y así, el primer libro que se imprime es precisamente, la Biblia. Desde aquel lejano día, e impulsados años más tarde por las Sociedades Bíblicas, ¡el Sagrado Libro no se ha dejado de imprimir y distribuir! Debo también dar crédito a las muchas y excelentes versiones católicas, que, ¡por fin!, se distribuyen en gran manera, cumpliéndose el sueño de Lutero y de los otros grandes reformadores protestantes: ¡Por lo menos una Biblia debe estar en cada hogar! En mi caso, y me emociono mucho al contarlo, un día, por cierto, Jueves Santo, tomé un ejemplar de la Biblia que había sido dedicada a un primo mío, pero en la misericordia de Dios conmigo, no era para él, sino para mí, así que la tomé en mis manos y leyendo San Juan 17:20, ¡esa bendita Palabra habló a mi corazón, tuve un encuentro con el Señor Jesucristo y nací de nuevo!, nadie me la explicó, yo era solamente un joven de 17 años, pero el Espíritu Santo me guió y me ha guiado no solo a oírla, leerla, estudiarla, memorizarla y meditarla, sino también, a practicarla. Soy producto de lo que Dios ha hecho en la humilde vida de un hombre de pueblo por el poder de la Escritura. Para mí, la Biblia es mucho más que una guía doctrinal, toda ella es vida, produce la fe; produce cambios en mí, con ella asusto al mismo diablo, aliento al enfermo, sana mis heridas ya sean físicas, emocionales o espirituales, pero, por sobre todo, mediante la Palabra y el Espíritu Santo, nací de nuevo. ¡Con esta Palabra vivo, con esta Palabra muero!
Martín Lutero amaba la música y la poesía, y compuso una treintena de himnos los cuales han consolado y estimulado al pueblo de Dios desde que él los escribió y publicó. Uno de ellos es “Castillo fuerte es nuestro Dios”, basado en el Salmo 46:1-3. Castillo fuerte es nuestro Dios,  ha sido llamado la “Marsellesa” de los Protestantes, el “Himno nacional de la obra evangélica”. Ciertamente, en las iglesias tradicionales evangélicas las corales por muy grandes o pequeñas que sean, lo han incluido en sus repertorios. Grandes músicos se han inspirado en la melodía de “Castillo fuerte es nuestro Dios”, entre ellos: Johann Sebastian Bach, Félix MendelssohnGiacomo Meyerbeer y Richard Strauss. He tenido el privilegio de oír este himno en las versiones que han hecho, los virtuosos y maestros pianistas, venezolanos: Aaron Espinoza y Eleazar Inciarte. 
Sin duda este año “Castillo fuerte es nuestro Dios” sonará en grande en la magna celebración de los 500 años de la Reforma Protestante. Me encanta la versión que aprendí desde recién convertido, del gran teólogo, pastor y poeta español, Juan Bautista Cabrera:
Castillo fuerte es nuestro Dios
Tr. J. B Cabrera
Martín Lutero
I
Castillo fuerte es nuestro Dios.
Defensa y buen escudo;
Con su poder nos librará
En todo trance agudo.
Con furia y con afán
Acósanos Satán,
Por armas deja ver
Astucia y gran poder;
Cual él no hay en la tierra.
II
Y si demonios mil están
Prontos a devorarnos
No temeremos, porque Dios
Sabrá cómo ampararnos.
Que muestre su vigor
Satán, y su furor
Dañarnos no podrá,
Pues condenado es ya
Por la Palabra Santa.
III
 Nuestro valor es nada aquí,
Con él todo es perdido;
Mas con nosotros luchará
De Dios, el escogido.
Es nuestro Rey Jesús,
Él que venció en la cruz,
Señor y Salvador,
Y siendo él solo Dios,
Él triunfa en la batalla
IV
Esa palabra del Señor,
Que el mundo no apetece,
Por el Espíritu de Dios
Muy firme permanece.
Nos pueden despojar
De bienes, nombre, hogar,
El cuerpo destruir,
Mas siempre ha de existir
De Dios el reino eterno.
(Himno 26, Himnario Bautista, CBP 1994)
Oración:
Amantísimo Padre Celestial:
Gracias por darnos tu Palabra y hombres de fuego que la han hecho brillar a través de los tiempos. Ayúdame a vivirla por el poder de tu Santo Espíritu. En el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
Dios es nuestro “Castillo fuerte”, el lugar seguro cuando las tormentas de la vida se agitan a nuestro alrededor.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe alguna promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe alguna lección por aprender?
¿Existe alguna bendición para disfrutar?

¿Existe algún mandamiento por obedecer?

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