martes, 17 de mayo de 2016

“¡Nos vemos en el cielo!”

Por Francisco Aular
faular @hotmail.com
Lectura devocional: 2 Corintios 5:1-10
De hecho, sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. 2 Corintios 5:1(NVI)

"¡Pastor, Nancy se nos va!" –Exclamó la voz sollozante de la hermana de la moribunda. "¡Margarita: ya voy para allá!"…Salté de la cama, en pocos minutos estaba en mi carro, eché una mirada al reloj de la consola, eran las cuatro y treinta y cinco de la madrugada. La avenida las Delicias de Maracay, que en aquellos días parecía un jardín, me llevó rápidamente al hogar en donde tantas veces había ido los últimos meses de vida de Nancy. El cáncer pulmonar, en una mujer de tan sólo 28 años, había hecho su trabajo en su cuerpo  para llevársela de este mundo; pero JESÚS había hecho Su trabajo en su alma y en su espíritu para llevársela al cielo. Allí en la sala estaban sus dos hijos, su mamá y su hermana, quien me había llamado. Todavía estaban fresca en mi mente la primera vez que yo había estado allí para anunciarle el evangelio.
Entonces, Nancy estaba destrozada por la aflicción. Su boca habló lo que había en su corazón, muchas preguntas para Dios, y se esperaba que yo se las explicara. Solamente la escuché, y tampoco defendí a Dios. No le hice preguntas, mucho menos reproches. No le di vanas esperanzas de que Dios la sanaría. Le pedí permiso para leer la Biblia y oré, y me fui. La seguí visitando en aquellos meses, y fui con ella algunas veces al hospital para su tratamiento. A medida que fuimos estudiando la Palabra de Dios juntos, como uno de esos tulipanes que nacen en nuestro jardín al llegar la primavera, surgió la fe en Nancy, ella depositó toda su confianza en JESÚS para su salvación, y nació de nuevo. Todo en ella cambió para bien. Nancy convirtió su lecho en un santuario para la adoración a Dios, la oración y el estudio de la Biblia. Muchos de los que fueron a verla en vez de fortalecerla, salieron consolados.
Nancy y yo habíamos hablado muchas veces de este momento, el instante de su partida. Y la ocasión había llegado. Entré al cuarto, ella me miró y me hizo seña para que me sentara a su lado en la cama, toda la familia se acercó también, le entoné su canto favorito: "Puedes confiar en el Señor", y ya no tuvo fuerzas para hacerme el dúo en la parte del canto que más le gustaba: "Si el sol, llegara a oscurecer y no brilla más, yo igual confío en el Señor que Él me va a cuidar"…La tomé en mis brazos, y con esa confianza de los que "duermen en el Señor", me dijo: "¡Nos vemos en el cielo!", y exhaló su último aliento.
En realidad, todo es muy distinto cuando nos enfrentamos a la muerte creyéndole a JESÚS: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (Juan 11:25, RV60).
Oración:
Amado Padre Celestial, que en el último instante de mi vida, yo pueda decir como JESÚS: "Padre en tus manos encomiendo mi espíritu" y pueda dormirme en tus brazos de amor, que en la mañana de mi resurrección mi cuerpo se vista de inmortalidad para vivir para siempre contigo. ¡Ese es el cielo, estar a Tu lado y no separarnos jamás! En el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
La muerte de un cristiano nacido de nuevo es simplemente un cambio de residencia desde lo temporal a lo eterno.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe alguna promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe alguna lección por aprender?
¿Existe alguna bendición para disfrutar?
¿Existe algún mandamiento a obedecer?
¿Existe algún pecado a evitar?
¿Existe algún pensamiento para llevarlo conmigo?

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