jueves, 17 de mayo de 2012

El retorno a casa

Francisco Aular                                            

Por la fe se radicó como extranjero en la tierra prometida, y habitó en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos también de la misma promesa, porque esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Hebreos 11:9,10 (NVI)

Cuando los desastres naturales, como los ocurridos recientemente en varios lugares del mundo se llevan miles de vida en segundos, nos damos cuenta de lo frágiles que somos los seres humanos, y también, de la brevedad de la vida. Son efímeras también todas nuestras vanidades con que usualmente nos entretenemos, que nos distraen de la verdad  que solamente estamos de paso. ¡Que el Señor nos dé sabiduría para apropiarnos de la Vida eterna que nos ofrece en JESÚS! (Juan 14:6). De esta manera, comprenderemos que la muerte física no es otra cosa que nuestro retorno a casa, en donde Dios nos espera para ser parte de su familia eterna (Efesios 2:19).
Abraham, aquel hombre que fue llamado el amigo de Dios estaba consciente de que su tránsito por esta tierra era breve, así que no se encariñó mucho con su estadía aquí, sabía que iba de paso. Del mismo pensar era uno de los grandes predicadores de todos los tiempos, el inglés Charles Haddon Spurgeon, quien dijo:”Vivamos aquí como extranjeros y hagamos del mundo no un hogar, sino una posada, en la que comemos y nos alojamos, esperando reanudar nuestro viaje mañana”.
Yo nací en una hacienda de café que pertenecía a mis tíos, rodeado de árboles frutales y de animales domésticos. Nuestro hogar, fabricado por mi papá, estaba situado sobre una colina, detrás de unos árboles de limón, aguacate y naranja. Todavía me acuerdo, cuando 11 años después, en compañía de mi padre, regresé a mi hogar, entonces, él bromista, a la primera corrió hacia nuestra vieja casa, se encerró y luego abrió la puerta mientas me decía, haciendo una venia con su sombrero en mano: “¡Hijo, bienvenido a casa!”.
En el presente, mi mente recuerda otro viaje, el que estoy realizando ahora, al final de mi vida. La única razón para que Dios me trajera a esta vida fue conocerlo a Él y su evangelio,  y he cumplido esa razón. Es un poco difícil para algunos pensar como Abraham –el patriarca llamado también el padre de la fe-, que somos como extranjeros en la tierra prometida, él sabía que le esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor. Pues bien, en cuanto a mí, sé que al final de esta jornada me espera mi Padre Celestial y mi hogar eterno. En mi caso: Estoy ansioso por llegar allá. Algunos de mis antepasados y contemporáneos me están esperando. La luz ya está encendida y sé que el Señor me espera. Me lo imagino así, a sólo segundos de dejar mi cuerpo, Él me recibirá y me dirá las palabras más hermosas que habré oído hasta entonces: “¡Hijo, bienvenido a casa!”

Oración:
Amado Padre Celestial: Ayúdame a comprender cada día esta verdad: Soy un cristiano en construcción hacia lo que debo ser en ti; soy extranjero y voy hacia mi verdadero hogar. Ayúdame a descansar en tus promesas, en el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
Un hijo de Dios no pone su mirada en lo que es temporal y se queda aquí; sino que pone su vista en lo que se llevará al hogar que Dios le está preparando como destino eterno.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?




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