viernes, 19 de febrero de 2016

¡Descubre el entusiasmo contagioso!

Francisco Aular                                          
Lectura devocional: Números 14:1-19
Así que no se rebelen contra el Señor ni tengan miedo de la gente que habita en esa tierra. ¡Ya son pan comido! No tienen quién los proteja, porque el Señor está de parte nuestra. Así que, ¡no les tengan miedo! Números 14:9 (NVI)

El diccionario define el término entusiasmo como: “exaltación y emoción del ánimo, producidas por algo que se admira. Adhesión e interés que llevan a apoyar una causa o a trabajar en un empeño”. Etimológicamente, viene de una palabra griega compuesta que significa “en Dios”, es decir, dinamizado por Dios. En efecto, al caminar por los senderos de la Biblia nos encontramos a menudo con que el punto de partida para salir airosos en la labor que nos ha tocado hacer,  asciende o desciende según el estado de ánimo que tengamos. Sin embargo, no es pecado estar desanimados en un momento dado, el pecado está en dejarnos dominar por el desánimo. Grandes hombres de Dios pasaron por el desánimo, Job, Nehemías, Elías, Jeremías y para no ser tan extensos, Juan el Bautista y Pedro, pero todos ellos se libraron del desánimo. Al descubrir que Dios andaba con ellos y en ellos, ¡se levantaron y triunfaron!
El entusiasmo es la fuerza que nos pone en acción, el desánimo nos la quita. El salmista eleva su alma deprimida por la nostalgia de los éxitos pasados, el asecho de sus enemigos y los recuerdos de Jerusalén con su templo. Pareciera que el salmista ha tocado fondo y no le quedan esperanzas para salir adelante; pero nuestro Dios está allí en esos momentos, cuando, como seres humanos, conocemos y reconocemos nuestro desvalimiento, cuando no nos quedan asideros de donde agarrarnos, porque pareciera que todas las vigas de sustentamiento crujen y ceden ante nuestro peso; entonces ahí, Dios -que hasta ese momento ha estado acompañándonos sin que lo notemos-, se levanta en el camino como la única columna de seguridad del creyente, y al igual que ocurrió con el salmista, el creyente hace esta resolución: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna” (Salmo 73:25,26 NVI)
La tentación permanente del ser humano es la idolatría, es decir, poner cualquier cosa entre él y Dios: éxito, fuerza, poder, juventud, sexo, negocio, dinero, belleza, y el activismo político, deportivo o religioso; todo esto seduce al ser humano, y lo hace sucumbir y doblar sus rodillas ante esas cosas que lo mantienen ocupado y sin tiempo para Dios. Su alma pide eternidad, pero él intenta vanamente llenarla con lo temporal. Un día se da cuenta de que el gusano roe las entrañas de sus ídolos, que los sueños huyen, los muros se vienen abajo piedra por piedra, y es capaz de pensar la brevedad de su paso por este mundo; en esas condiciones el ser humano queda desnudo y desarmado ante la realidad, este puede ser el momento del desánimo pero, también, puede ser una manera que Dios encuentra para entrar en un corazón endurecido, entonces, descubre condiciones de adorar  a Dios de manera consistente y en verdad, como nunca antes lo hizo. Claro está, si asume la crisis como su única esperanza y pone su mirada en Dios: “Salvación mía y Dios mío”. De esta manera podemos también exclamar como David en frente de sus enemigos: “En Dios haremos proezas, Y él hollará a nuestros enemigos” (Salmo 108:13 RV60). ¡Nada ni nadie es capaz de detener a un ser humano “en Dios”, es decir: entusiasmado!
Josué y Caleb, estaban entre los hombres enviados por Moisés para investigar, la tierra a la cual Dios, los había enviado. Diez de aquellos hombres, dieron un informe negativo: “—No podremos combatir contra esa gente. ¡Son más fuertes que nosotros!” (Números 13:31, NVI). No conforme con esto, comenzaron a esparcir sus rumores entre el pueblo, el desánimo como ya lo sabemos es contagioso, y rápidamente, el pueblo se debilitó, perdió la esperanza y la fe. Sin embargo, tanto Josué como Caleb, permanecieron firmes: “Así que no se rebelen contra el Señor ni tengan miedo de la gente que habita en esa tierra. ¡Ya son pan comido! No tienen quién los proteja, porque el Señor está de parte nuestra. Así que, ¡no les tengan miedo!” (Números 14:9,NVI) ¡Dios premió a estos dos hombres valientes y entusiastas, que creyeron en las promesas de Dios! ¡Ellos fueron los únicos de aquella multitud que salió de Egipto que entraron a la tierra prometida!
Esta historia del pueblo de Israel, nos revela esta verdad, cuando nos damos cuenta que Dios es lo único que nos queda, y que con Él, es suficiente para el triunfo definitivo en esta vida; entonces podemos estimular a otros para que tengan esta misma actitud, porque hemos descubierto: ¡El entusiasmo contagioso!
Oración:
Amado Padre y Dios:
¡Te alabo en esta hora por mi entusiasmo en ti! Todo lo puedo por medio de tu gracia y misericordia. Hoy me enfrentaré a muchas decisiones pero me lanzo a conquistar cualquier desafío porque tu compañía es todo lo que necesito, y sé que vas conmigo. Ayúdame a ser un entusiasta contagioso en todo lo que soy y hago. En el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
Con el entusiasmo frente a todos los gigantes que se levantan: “¡Ya son pan comido!”
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento por obedecer?
¿Existe un pecado por evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

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