jueves, 7 de mayo de 2015

Mi llanto por un amigo

Francisco Aular
Lectura devocional: 1 Corintios 15:51-56
En memoria del hermano y amigo: Daniel Enrique Robayo Quintero.
¿No sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel? 2 Samuel 3:38b (RV60);  Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán, se cumplirá la siguiente Escritura: “La muerte es devorada en victoria”. 1 Corintios 15:54 (NTV)
Con mucho amor para la familia Robayo Hidalgo: Berta, Daniel, Belkys, Tania y Martha Elena. Un abrazo también para los nueve nietos y dos bisnietos.

Ayer, Toronto amaneció con una mañana primaveral como para ponerla en el almanaque. Sin embargo, un pálpito, un sentimiento profundo se apoderó de mí… Pendiente como he estado de la salud de mi amado hermano y amigo Daniel Robayo Quintero; llamé a su casa, ya lo hecho tantas veces, en estos años…, me atendió la hermana Berta,  me dio la noticia de la partida de nuestro amado hermano a la presencia del Señor. Oramos y lloramos juntos.
Desde luego, mis pensamientos me llevaron a tantas escenas que la vida nos presenta en relación con la amistad. La amistad no se teoriza, se vive, se practica, y es el resultado del cual nos habló nuestro amado Pastor JESÚS de Galilea cuando nos dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13; RV60).
Daniel Robayo nunca falló en la amistad. Su calidad humana y su comprensión del ser humano lo llevaron a experimentar la amistad en su esencia misma. La amistad la practicó a manos llenas por donde quiera que fue. Tenía la costumbre de poner “sobrenombres cariñosos” de una manera espontánea a sus amigos. Para él no había enemigos. Aún habiendo llegado alto en su carrera militar, no usó su influencia para lograr sacar partido en beneficio propio. Sus compañeros de armas de la aviación, lo llamaban “Halcón” y él, voló muy alto.
Daniel Robayo hacia maravillas para sacar tiempo. Se las arreglaba para atender el mayor número de compromisos posibles. Lo vi yendo al hospital para visitar a sus compañeros de armas, y otras personas; lo vi en bodas. Fuimos juntos al cementerio y a llevar consuelo a los demás. Hizo discípulos y enseñó a otros a discipular. No dejaba de lado las cuestiones formales o protocolares, pero también se escurría hasta los hogares de sus amigos para disfrutar un tiempo con ellos y la conversación, siempre al lado de su Biblia. Había que verlo con cuánto gusto y placer compartía con cualquiera y en cualquier lugar acerca de la Salvación por la fe en nuestro Señor Jesucristo.
Juntos, él y yo recorrimos la patria venezolana de un lado a otro. Sus vehículos fueron invertidos en viajar kilómetros tras kilómetros, manejando siempre como el gran aviador que era “un caballero del aire”.
En el carácter de Daniel no había dobleces. Era un ser humano de una sola pieza. Enfrentaba cualquier situación viniera de donde viniera.  Sin lugar para los acomodos y la hipocresía. Buscaba la reconciliación rápidamente porque su sentido de la amistad, se lo exigía. Pedía perdón y perdonaba.  Daniel, daba consejos a sus amigos, pero también buscaba consejos de los demás.
Han pasado unas cuántas horas de la partida de Daniel Enrique Robayo Quintero. Nos sirve de inspiración recordarlo ahora. Se nos ha ido el “marchista mayor”, en efecto, le dedicó a la Marcha Evangelizadora tres décadas de su vida. Su humildad, inspiración y su capacidad de logística, le imprimieron a la oración, la evangelización y el discipulado su nota distintiva que ha dado a este movimiento su razón de ser y su hacer en Venezuela. Llegó a formar generaciones de hombres y mujeres dedicados a la oración, la evangelización y el discipulado. Cuando le llegó el tiempo de su salida obligada por su condición de salud, de la dirección de la Marcha Evangelizadora, mantuvo su interés hasta el final. La red discipular de Daniel Enrique Robayo Quintero es tan amplia que ya no la podemos seguir.
Daniel Robayo no fue solamente un siervo de Dios en la obra denominacional, sino, también una bendición para toda la obra evangélica nacional. Al final de los años setenta, hubo una persecución en contra de los misioneros estadounidenses, Daniel, siendo un militar activo, puso en peligro su carrera, y defendió dentro de sus límites, el trabajo de los misioneros, especialmente los de las Nuevas Tribus.
En los últimos días, se enfrentó a su dolor físico con valor y fe cristiana. Sin duda, el versículo lema de la familia Robayo Hidalgo, que él y su amada Berta nos repetían al visitarlos, lo alentó en todo tiempo: “Porque Jehová es nuestro escudo, y nuestro rey es el Santo de Israel.” (Salmo 89:18, RV60). Hasta el último momento Daniel Robayo se mantuvo orando por la Marcha Evangelizadora e invitando a la juventud a continuar llevando en alto la bandera de la fe.
Los que tuvimos la dicha de tratar a Daniel Enrique Robayo Quintero y disfrutar de su modestia y humildad, estamos eternamente agradecidos al Señor por esta bendición, y él será para siempre ejemplo de esa calidad de ser humano que amó y sirvió al Señor JESÚS en espíritu y en verdad. Nuestro amado General, o soldado raso del Señor como prefería ser llamado, ya está en las mansiones eternas. Terminó su carrera con el gozo del Señor, diciendo  como siempre lo anheló: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” (2 Timoteo 4:7, RV60).
Aún conservo un libro dedicado por mi amado hermano Daniel: “Para mi buen hermano, discipulador y amigo, pastor Francisco Aular. Daniel Robayo, Caracas, agosto de 1985”.
Mi llanto es esta hora es de gratitud al Eterno por la vida de nuestro amado Daniel Enrique Robayo Quintero.
Es un llanto como el del rey David que reconoce que uno de sus fieles soldados, ya no estará entre nosotros. Ya no vendrá a recibirme al aeropuerto como siempre lo hizo, por ese don de servicio que poseía, y su amor y amistad por todos nosotros. Perdónenme, pero Daniel Enrique Robayo Quintero, por cualquier lado que lo vea, era muchas cosas juntas para nosotros, y eso, es grande y hermoso. Por ello, puedo exclamar como el rey: “¿No sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel?” 2 Samuel 3:38b, RV60). Pero del mismo modo, somos consolados por la Palabra de Dios: “Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán, se cumplirá la siguiente Escritura: “La muerte es devorada en victoria”. (1 Corintios 15:54,NTV). ¡Nosotros esperamos esa mañana gloriosa! Mientras tanto va: Mi llanto por un amigo.
Oración:
¡Gracias, oh Dios, por la dicha de haber andado un trecho del camino con tu siervo Daniel Enrique Robayo Quintero! ¡Gracias, oh, Dios por su vida fecunda y su ejemplo como siervo tuyo! ¡SEÑOR, tu das y tu quitas. Sea tu nombre bendito para siempre! En el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
Hoy mis lágrimas las seco con la hermosa toalla de la fe, la esperanza y el amor.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento a obedecer?
¿Existe un pecado a evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo? 

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