jueves, 8 de noviembre de 2012

Su gracia es mayor


Francisco Aular
 
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. 2 Corintios 12:9a  (RV60)
Un hombre al cual conozco me contó su historia. Vino al Canadá en búsqueda de seguridad social y otras cosas que su país de origen no le ofrecía. En realidad, eso es uno de los motivos de la emigración, la gente busca en otro país lo que no encuentra en el suyo. Pero, este hombre, por el exceso de trabajo, descuidó a su familia, y debido a eso su esposa huyó con otro hombre. Todo su mundo se derrumbó; las cosas fueron de mal en peor. Cansado, decidió suicidarse, planeó quitarse la vida, arrojándose a las Cataratas del Niágara. Cuidadosamente preparó su suicidio, no descuidó ningún detalle, como por ejemplo poner su nombre en un papel y colocarlo en una  bolsa plástica para que de esta manera su cadáver fuera reconocido y repatriado a su país de origen. Madrugó, tomó su auto y lo estacionó; miró el reloj y era muy temprano, por eso, no había nadie. Con esa diabólica decisión en mente llegó al borde, e intentó subirse al muro que lo separaba de una muerte segura, pero en ese instante, y en medio de la oscuridad reinante, surgió un hombre que le habló tiernamente: “Hijo, dale una oportunidad a Dios”… No hubo muchas palabras entre ellos, pero el extraño lo abrazó y el hombre lloró. El extraño que había llegado era un cristiano nacido de nuevo, que había venido a hacer su devocional a las orillas del Niágara, muy temprano. Allí mismo, a las orillas de las Cataratas, la gracia de Dios tocó el  corazón de aquel hombre que quería suicidarse y nació de nuevo; la nueva vida brotó en él, y con ella, la fe, la esperanza y el amor. En aquella vida antes destrozada, ahora reinaba el deseo de vivir. El extraño le recomendó que fuera ese mismo domingo a una iglesia, y desde entonces, Dios lo ha restaurado de tal manera, que ha llegado ser líder principal de aquella congregación adonde él llegó por primera vez. Posiblemente los problemas no se le han acabado, pero ahora tiene una razón para vivir: ¡JESÚS!
¿Sufrimos los cristianos? Sí, y a veces mucho más que cualquier otro ser humano, por el mayor conocimiento que tenemos de Dios y su santidad. Uno de los grandes de la historia del cristianismo fue el apóstol Pablo, después del mismo JESÚS nadie llegó a ser tan grande como él. Pablo, desde que nació de nuevo en su camino a Damasco, disfrutó su relación con Dios al máximo de tal manera que pudo decir:para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera” (2 Corintios 12:7; RV60). ¿Cuál era el “aguijón en la carne” del Apóstol? Nunca lo sabremos, quizás una dolencia física que lo atormentaba, aun así, Pablo no se detuvo en la extensión del reino; acudió a la oración y Dios le respondió: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Más tarde en el cristianismo, la poeta Santa Teresa de Ávila, puso esta verdad en un poema que se llama “Nada te turbe”, su primera estrofa ha dado la vuelta al mundo:
Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
la paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
Sólo Dios basta.
Pues bien, el apóstol Pablo nunca tuvo temor de revelarse en sus aciertos y errores, en sus debilidades y flaquezas. La idea de que los santos no pecan, vendría más tarde en la historia del cristianismo, con sus aureolas y todo. Es muy claro que Pablo sabía que la actitud de admitir sus fallos y sus puntos débiles daría como resultado las oraciones de los demás por él, y la intervención de la gracia y el poder de Dios. Pablo nos enseña la verdad de que todos tenemos debilidades. ¿Qué haremos, declarar que no las tenemos? ¿Nos desesperaremos como los demás mortales? ¡No! Debemos presentarnos delante de Dios como lo que somos: cristianos en construcción hacia lo que debemos ser en Cristo. Puede ser que nuestro pecado sea grande; ¡la gracia de Dios es tan grande como Él!; no importa el tamaño de nuestro sufrimiento, de nuestra prueba, y de nuestro “aguijón”, lo que sí importa es ¡lo grande de nuestro Dios! Como lo expresa la poeta Annie Flint en su famoso himno Su gracia es mayor, que dice así:
Su gracia es mayor, si las cargas aumentan
su fuerza es mayor, si la prueba es más cruel
si es grande la lucha, mayor es su gracia
si más son las penas, mayor es su paz.
Su amor no termina, su gracia no acaba,
un límite no hay al poder de Jesús;
pues de sus inmensas riquezas en gloria,
abundan sus dones, abunda su amor.
Si nuestros recursos se han agotado,
y fuerzas nos faltan para continuar,
si al punto ya estamos de desanimarnos,
la hora ha llegado en que Dios obrará.
Oración:
Amantísimo Padre:
Tu gracia es un poder misterioso e indefinible. Te arremangaste y desnudaste tu brazo para alcanzarme. No existe nada que me pueda separar de tu gracia, de tu amor y perdón. No abusaré de tu gracia porque no es barata, a ti te costó tu Hijo, y al Hijo le costó su muerte. Hoy te pido fuerzas para continuar sirviéndote, a pesar de las pruebas y sufrimientos, pero con mi corazón lleno de gratitud. En el nombre  de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
No importa cuánto hayamos perdido por nuestros pecados; ganaremos mucho más por la gracia de Dios. Su gracia es mayor.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento por obedecer?
¿Existe un pecado por evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?
 
 
 
 
 

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