lunes, 1 de junio de 2015

Amor supremo por la Iglesia

Francisco Aular
Lectura devocional: Hechos 2:43-47        
Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. Hechos 2:47, (RV60) Como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Efesios 5:25b. (RV60)

En los tiempos en lo cuales se escribió el Nuevo Testamento, Grecia era la cuna de la democracia o del “gobierno del pueblo y para el pueblo”, no había un gobierno central; estaba organizada por ciudades estados, cada ciudad principal tenía su propio gobierno. La tarea de gobernar recaía en ciudadanos competente para la buena y recta administración, éstos debían residir en la ciudad y eran llamados a formar la “ekklesía” o asamblea legislativa, el significado de la palabra “ekklesía” era los “llamados afuera” o escogidos con el propósito del servicio a su comunidad. El vocablo griego “ekklesía” fue utilizado primeramente por JESÚS, para referirse a las agencias del reino de Dios en esta tierra, o sea, a las distintas asambleas que se congregan en el nombre de JESÚS, quien es la cabeza de la “ekklesía” o de su “Iglesia” que el término castellanizado. Es igualmente importante saber que de las ciento diez veces que se habla de la iglesia cristiana en el Nuevo Testamento, noventa y dos veces se refiere a lo que hoy denominamos la iglesia local, cuando se dice por ejemplo, “la iglesia de Jerusalén”, “las iglesias de Galacia”, “la iglesia que está en tu casa”. Por supuesto que también se utiliza el término iglesia para designar, en sentido figurado, el Cuerpo total de los miembros de la Iglesia de JESÚS, escogidos tanto en la tierra como en los cielos, que son y serán parte de la familia de Dios en la Nueva Jerusalén, la ciudad que está por venir al final de la historia de la humanidad.
Por el Nuevo Testamento, está claro que JESÚS tuvo interés en fundar su Iglesia (Mateo 16:18; Hechos 2), que la amó y se entregó a la muerte por ella (Efesios 5:25). ¡El alto precio que el SEÑOR dio por su Iglesia, nos da una idea del valor que ella tiene delante de sus ojos! En efecto, JESÚS murió para “congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:52). Este cuerpo redimido por la sangre de JESÚS, ha sido elegido para ser aquí en la tierra, en cada grupo local establecido, una comunidad “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15), y, desde allí, proyectar su influencia bienhechora y la fe salvadora hacia el mundo entero: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20 NVI). “Vayan” es el imperativo que nos mueve hacia la evangelización por dondequiera que Dios nos lleve en esta tierra; “hagan discípulos de todas las naciones” es el imperativo que enfatiza el discipulado a todo nuevo creyente. De esta manera, el creyente nace pero el discípulo se hace. Además, a las iglesias locales, Dios le ha dado autoridad para enfrentar con éxito los ataques de las otras “autoridades espirituales”, sean físicas o supranormales, “…edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18b NVI). “El fin de todo esto es que la sabiduría de Dios, en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia, a los poderes y autoridades en las regiones celestiales” (Efesios 3:10 NVI).
De manera que, la iglesia local a la cual usted asiste es su hogar espiritual; es como el gimnasio en donde usted se entrena para aprender a amar, a perdonar y a crecer hacia la madurez en la vida cristiana. Y sobre todo, aprender a amar, tal y como JESÚS ama a su iglesia, con un amor supremo.
Oración:
Padre eterno:
Gracias por haberme traído desde hace años a tu Iglesia para entrenarme en tus caminos, y aprender a servirle a mi prójimo con todo gozo y entusiasmo. Ayúdame a servir como tú lo harías. En el nombre de JESÚS, amén.
Perla de hoy:
La iglesia se compone de gente como usted y como yo; nosotros debemos hacer de ella lo que Dios quiere que sea.
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento por obedecer?
¿Existe un pecado por evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?

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