viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Cómo podré estar triste?

Confieso de entrada que esta Perla del Alma de hoy, ya le hemos publicado este año, y es además, una de las favoritas de nuestros perlistas; en esta ocasión, se la dedico al hermano en la fe, consiervo, discípulo y amigo: Daniel Enrique Robayo Quintero, en Venezuela. No porque él esté triste en estos momentos de su enfermedad física -su fe inquebrantable en el Señor lo ha preparado para este momento-; pero este devocional tiene a uno de sus himnos favoritos como inspiración, y, juntos lo hemos cantado muchas veces en nuestros viajes en todo el territorio nacional, llevando la Palabra de Dios. Ruego a todos orar porque el Señor en su gracia, nos deje a nuestro hermano DERQ, un tiempo más entre nosotros, mientras tanto, repetimos con nuestro hermano Daniel, su lema  y versículo de la familia Robayo Hidalgo, con el cual siempre nos despide y nos bendice, en la puerta de su casa: "Porque Jehová es nuestro escudo.
Y nuestro rey es el Santo de Israel." (Salmo 119:18 RV60)

Francisco Aular
Viernes, 5 de septiembre de 2014
Lectura devocional: Mateo 6:25-34
¿Cómo podré estar triste?
Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? Mateo 6:26 (NTV)
Antes de tener mi experiencia de salvación, en las fiestas, con mis amigos, era todo un payaso haciendo reír a la gente, pero cuando terminaba el jolgorio me sentía un poco triste y deprimido. Me preguntaba, ¿nací para solamente alegrarme en las fiestas? ¿Después de esto, qué?, ¿de donde vengo y adónde voy? Sé que viviré y moriré, pero, ¿adónde va uno después de la muerte? Entonces, para tranquilizar los reclamos de mi alma triste, me ponía a escuchar la música que tocaba mis sentimientos: Rancheras, vallenatos, boleros sentimentales y una que otra música llanera para consolarme. Por supuesto esta aparente solución no iba a la raíz de mi problema. Así, vivía una vida triste y vacía.
Pero un día conocí a JESÚS y su bendito Evangelio, y tuve un nuevo nacimiento (Juan 3:3). Sin embargo, necesitaba crecer en mi nueva fe, y descubrir poco a poco los beneficios de ser un hijo de Dios: “Quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo” (Efesios 1:3), aprender esto ha sido todo un proceso en mi peregrinaje espiritual que todavía continúa. En efecto, en mi crecimiento espiritual, Dios ha usado la Biblia y las oraciones mías y de otros; el gozo de mi salvación es una fuente que nunca se agota; la pasión evangelizadora por la cual Dios me ha llevado, me ha permitido quitar los ojos de mí y ponerlos en la situación de otros; pero realmente, en mi crecimiento espiritual soy un deudor de los hombres y mujeres que Dios puso en las iglesias por donde he pasado. Desde luego, nunca podré olvidar, ¡ni quiero hacerlo!, esos primeros años de mi conversión en la iglesia donde nací, en esa Caracas de los años sesenta, socialmente revuelta, pero con la esperanza de vivir tiempos mejores.
Recuerdo muy bien, que recién convertido al evangelio, el enemigo de los creyentes, el diablo, me puso muchos tropiezos, y eso hizo que varias veces, la tristeza, intentara recobrar su dominio para llevarme de regreso a mi vida pasada. Una de las preguntas que me causaba angustia era, ¿podré serle fiel a mi amado JESÚS hasta el final de mi vida? Aprendí por la Palabra de Dios que la fe no se preocupa por la totalidad del viaje porque para Dios con un paso que demos hacia Él, basta. El Señor JESÚS aconsejó, “no se preocupen por la vida diaria…”, igualmente, debemos aprender que, “el SEÑOR los guiará continuamente, les dará agua cuando tengan sed  y restaurará sus fuerzas. Serán como un huerto bien regado,  como un manantial que nunca se seca” (Isaías 58:11 NTV).
Ahora bien, nunca podré olvidar que en aquellos días Dios utilizó a otro creyente para ayudarme, mi inolvidable amigo y hermano Adonis Rodríguez. Él ya está en la presencia del Señor, pero en aquel tiempo, un día vine a él, angustiado,-cuando uno sufre de tristeza, siempre tiene motivos para deprimirse, y si no los tiene los enventa-, por mi situación sentimental, estudiantil, económica, por los problemas familiares y laborales; yo era un joven que recién había entrado en sus dieciocho años, recién convertido al Señor, le pregunté: ¿Por qué me siento así?. Entonces, Adonis,  tomó su Biblia la abrió en Mateo 6:25-34, leímos el pasaje, nos arrodillamos y él hizo algo más, lloró conmigo. Nos levantamos y cantamos un himno, pero antes de cantarlo me dijo: “Fran, el mismo Dios que creo el universo y las galaxias mas lejanas, es el mismo que abre las cortinas de los cielos, y como dice este himno: “Si Él cuida de las aves, cuidará también de mí…”. En aquella tarde, en la habitación de la residencia estudiantil en donde él vivía, hicimos un dúo. Y desde entonces, con la hermosa letra y música de este himno, yo he podido ayudar a otros y enseñarles que existen muchas razones para sentirse feliz y seguro en todas las circunstancias de la vida, y poder exclamar como el profeta: “¡El SEÑOR Soberano es mi fuerza! Él me da pie firme como al venado, capaz de pisar sobre las alturas” (Habacuc 3:19 NTV). He aquí la letra de este precioso himno, de H. Gabriel. Traducción de Vicente Mendoza:            
              I
¿Cómo podré estar triste?
¿Cómo entre sombras ir?
¿Cómo sentirme solo
Y en el dolor vivir?
Si Cristo es mi consuelo,
Mi amigo siempre fiel,
Si aun las aves tienen
Seguro asilo en El,
Si aun las aves tienen
Seguro asilo en El.
Coro:
¡Feliz, cantando alegre,
Yo vivo siempre aquí;
Si Él cuida de las aves,
Cuidará también de mí!
               II
"Nunca te desalientes",
Oigo al Señor decir,
Y en su palabra fiado,
Hago al dolor huir.
A Cristo, paso a paso
Yo sigo sin cesar,
Y todas sus bondades
Me da sin limitar,
Y todas sus bondades
Por siempre me ha de dar.
              III
Siempre que soy tentado,
O si en la prueba estoy,
Más cerca de Él camino,
Y protegido voy;
Si en mí la fe desmaya
Y sufro de ansiedad,
Tan sólo Él me levanta,
Me da seguridad,
Tan sólo Él me levanta,
Me da seguridad.
(E.M.H Himnario de Alabanza Evangélica #484)
Oración:
Padre eterno:
Ayúdame a que mi fe se fortalezca en ti, y a depositar toda mi confianza en tus promesas de protección y seguridad; que no dependa de mis sentimientos, sino de la roca firme de la Palabra de Dios, la Biblia. En el nombre de JESÚS. Amén
Perla de hoy:
No puedo impedir que la tristeza toque la puerta, pero el gozo del Señor, le dice: ¡Aquí vivo!
Interacción:
¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra?
¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme?
¿Existe una lección por aprender?
¿Existe una bendición para disfrutar?
¿Existe un mandamiento por obedecer?
¿Existe un pecado por evitar?
¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?


1 comentario:

  1. muy bueno pastor su meditaccion, que El Señor continue dandole de su sabiduria y amor.

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