martes, 3 de noviembre de 2026

¡HASTA LUEGO AMADO OTOÑO!

SELECCIONES
Perlas del Alma
Francisco Aular
perlasdelalma@gmail.com
MIÉRCOLES, 4 de noviembre de 2026
Lectura devocional: Salmos 74:12-17
Estableciste los límites de la tierra e hiciste el verano, así como el invierno.
(Salmo 74:17 NTV)

¡HASTA LUEGO AMADO OTOÑO! Por aquí en Cochrane, Alberta, en donde vivimos desde hace siete años y medio, el cambio climático dado por las diferentes estaciones del año, es más acelerado que en Ontario donde residimos por treinta años. No no me gustan las comparaciones, porque nuestro CREADOR, ha puesto Su belleza en todo. Sin embargo, el otoño multicolor en Ontario es inolvidable…

Como algunos lo saben, el otoño es mi estación favorita, esté en dónde esté aquí en Canadá, está cargada de lo que ha sido mi temperamento melancólico, solamente superado por la eterna primavera de vivir en el Espíritu.

¡Hasta luego amado otoño! Mirar al jardín que alegró nuestra vida al llegar la primavera hundirse entre hojas muertas y los nidos vacíos de los pájaros que ya volaron al sur cambia la escena. Después de todo, este año disfrutamos este tiempo bellamente iluminado y calentado por la estrella mayor; mi esposa sembró flores que lucieron su hermosura por los meses cortos de sus vidas; mis gorriones y otra aves, que habían viajado al sur, regresaron y alimentarlos diariamente fue mi oportunidad la cual cumplí lleno de gozo; las hojas de los árboles, se volvieron verdes, florecieron y dieron sus frutos.

En fin, la primavera pasó, el verano vino y se marchó, dio lugar al otoño. En esta semana, tristemente para mi temperamento, mi amado otoño hizo sus maletas de color de hojas caídas y entre una escena hermosísima que nos dio la aurora boreal, se marchó.

¡Hasta luego amado otoño! Eso sí, no se fue sin celebrar conmigo el otoño de mi vida en el octogésimo primer aniversario, octavo piso, apartamento cero uno. También ​celebramos el segundo lunes de octubre, el Día de Acción de Gracias, aquí en Canadá.

Pensando en esta hermosa y melancólica estación, hace años escribí unos versos, en medio de uno de nuestro primeros otoños:
“En este otoño de la vida me asombra
El caer de las hojas en forma precoz.
Ver el piso plasmado como una alfombra…
Me invade la tristeza y se quiebra mi voz”.

¡Hasta luego amado otoño! No te irás definitivamente, sin dejarnos en compañía de tu hermano el invierno. ¡Ya está llegando y nos envió a su fiel heraldo el frío, que lo anuncia de una manera que lo sentimos hasta en los huesos!

Pero, digámoslo sinceramente, nos da tiempo para prepararnos y como niños disfrutar la primera nevada y con ellos construir nuestros muñecos de nieve. Sacamos nuestras vestimentas de la estación: azul y rojos que lucen las mujeres, y nuestros abrigos y sombreros en los hombres.

¡Todo luce hermoso también y por todo lugar se llena de una de las más grandes celebraciones que tiene la humanidad: La Navidad del SEÑOR! Para los canadienses, sin invierno no existe Navidad. Pero los Cristianos nacidos de nuevo, sabemos que el verdadero motivo de esta estación es ¡JESÚS! Gracias a su Encarnación -poco importa la fecha- JESÚS nos proveyó Su eterna Navidad. ¡Alabado sea Su Nombre!

¡Hasta luego amado otoño! En una fecha como esta en el 2013,-​ en Toronto​-, escribí: “Me asomo a la ventana de mi balcón en este día, y mientras el tráfico, se desplaza de un lado a otro. Enfoco mis ojos en el árbol con sus hojas de colores ¡claro está en el otoño de su vida que apenas comenzó en la primavera! Ya no tiene ni el retoño de la infancia, ni el polen de la primavera y muchos menos el delicioso fruto del verano.

Las aves que cantaron e hicieron sus nidos en sus ramas y criaron su polluelos, ya se fueron dejando el nido vacío. Sin embargo, ese árbol ha resuelto enfrentar el invierno y por ello, se viste de colores. La nieve es símbolo de pureza y por eso dice la Palabra: “Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza”. —Salmo 147:16 (RV60).

Hasta la creación reconoce la soberanía de DIOS: "Estableciste los límites de la tierra e hiciste el verano, así como el invierno." (Salmo 74:17 NTV) ¡No llores ni por la primera ni por el verano pasados, no sea que tus lágrimas te impidan ver la belleza del otoño y del invierno! ¡Disfruta de la Creación estés dónde estés!

¡Adelante, siempre adelante!

Oración:
Aquí estoy SEÑOR, a medida que caminamos y charlamos, no deje de alabarte por Tu amor y fidelidad, y por habernos enviado a Tu HIJO. En el nombre de JESÚS. ¡Amén!
Perla de hoy:
Como las aves, estamos un tiempo aquí y volamos al Cielo prometido, y allí será nuestra morada eterna en compañía de nuestro amado JESÚS. ¡Aleluya!
*****

"¡CRUCEMOS LA META JUNTOS!"

Aviso: En estos días del dominio de la inteligencia artificial, me hace escribir que, todo este devocional es fruto de la escritura de un ser humano, escribiéndoles a otros seres humanos, sus experiencia personales con el DIOS ETERNO. ¡Soli Deo Gloria!
SELECCIONES
Perlas del Alma
Francisco Aular
MARTES, 3 de noviembre de 2026
Lectura devocional:Hebreos 12:12-29
Por lo cual, levantad las manos caídas
y las rodillas paralizadas.
Hebreos 12.12
(RV60)

CUANDO NUESTROS HIJOS estaban en el hogar, hacíamos todo lo posible por no perder los eventos deportivos internacionales; por supuesto que poseo muchas anécdotas que vimos juntos al momento de producirse. Una de ellas que recuerdo muy bien, fue las olimpíadas de 1992 en Barcelona, España, porque juntos disfrutamos uno de los momentos más memorables en la historia de las modernas olimpíadas.

Es posible que ustedes también se recuerden de esta gran hazaña que nos conmovió a todos los que la vimos en todas partes del mundo. Muy pocos se recordarán de quien fue el vencedor de aquel encuentro deportivo, pero no podrán olvidar aquella escena que vive en nuestros recuerdos. Aquí va el relato como lo vi y sentí en el mismo instante en que ocurrió:

Derek Redmon, de Inglaterra, estaba cumpliendo con uno de sus grandes sueños en la vida: ¡Ganar una medalla de oro en los juegos olímpicos! Se había preparado con disciplina, paciencia y esfuerzo, para ser el mejor del mundo. Ya había llegado a las semifinales en la carrera de los 400 metros y, al sonar el disparo para iniciar la carrera, Derek se lanzó a correr, teniendo un comienzo magnífico, sentía que la sangre le hervía por todo su cuerpo. No era para menos. Estaba corriendo la carrera de su vida. Se dijo a sí mismo: “¡Este es el momento para el cual nací!”, y ya se acercaba a la línea de llegada cuando, de pronto, sintió un dolor agudo en la pierna derecha. Se detuvo unos segundos allí en la pista, habiéndose roto un tendón, la carrera había terminado para Derek.

Trató de ponerse de pie antes de que llegara el equipo médico. Aunque todos los demás corredores lo pasaron con sus ojos puestos en la meta, Derek empezó a arrastrarse hacia la meta, su rostro estaba bañado en lágrimas por el dolor y la desilusión. De pronto, un hombre se abrió paso entre los guardias de seguridad y sin detenerse ante nada, corrió hacia la pista.
Se acercó a Derek y lo abrazó.
_No tienes por qué hacer esto_ Le dijo Jim Redmon a su hijo, quien no dejaba de llorar.
_ Sí, tengo… ¡Debo cruzar la meta! –contestó Derek-.
_ Bueno, entonces esta carrera la terminaremos juntos, dijo su padre.

El padre de Derek tomó firmemente a su hijo, metió su cabeza por debajo del hombro del corredor y, juntos, emprendieron el recorrido que faltaba para llegar hasta la meta, rechazando la intervención que les prestaban la guardia de seguridad que los rodeaba.

El precioso cuadro de aquel padre llevando casi a rastras a su hijo cojeando, copó la escena final de aquella carrera, la cabeza de Derek en algunos momentos apoyada en el hombro de su padre, siguieron el carril de Derek hasta llegar y cruzar la línea final.

Hubo un silencio total en aquel centro deportivo. La multitud que los observaba, primero pareció quedar paralizada. Luego, uno por uno, los presentes se pusieron de pie y empezaron a vitorear ante aquel cuadro, de la determinación deportiva del hijo y el apoyo de aquel padre.
Así como a Derek, se le hacía imposible cruzar la meta por sí solo. También nosotros los pecadores estamos limitados, lejos de la meta de DIOS que nos dijo:
“Sed, pues, vosotros perfectos,
como vuestro Padre que está en
los cielos es perfecto
(Mateo 5.48, RV60).

Ciertamente el mejor de nosotros los pecadores tiene:
“…las manos caídas y las rodillas paralizadas”, frente a la santidad de DIOS. Pero JESÚS, se lanzó en nuestro rescate, y hoy corremos esta carrera cristiana con Él a nuestro lado. ¡JESÚS, es la respuesta de DIOS para guiarnos a los seres humanos hacia la meta final!, es más, como lo afirmó el Apóstol Pablo:
“Es Cristo en ustedes,
la esperanza de gloria”
(Colosenses 1.27).

Esa preposición “en” nos dice, nos revela una de las verdades más preciosas de la Biblia: nuestra unión con JESÚS. En efecto, Él está en nosotros y nosotros en Él. ¡Sí, Él está en nosotros, ¡y nada ni nadie podrá detener nuestra carrera hacia el triunfo final!

Sin embargo, los hijos de DIOS, nos necesitamos “unos a los otros” … Es posible que ahora mismo estés paralizado y estancado en tu carrera cristiana, ¡ven apóyate en mí! “¡Crucemos la meta juntos!”

¡Adelante, siempre adelante!

Oración:
PADRE CELESTIAL:
¡Cuán poderosos y hermosos son tus atributos que se inclinan a favor de tus hijos, nada más que por pura gracia! Tu bondad sobrepasa largamente a todas las expectativas de los seres humanos. Es muy grande saber que la muerte de Tu HIJO amado, nos compró un lugar en el cielo; pero es también glorioso que nos compraste nuestra libertad para que en este nuestro breve transitar por este mundo: “Seamos más que vencedores”. Ayúdame en los minutos finales de mi carrera, que yo pueda levantar mis ojos y ver la gloria que me espera, en el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
La salvación es el milagro de un momento que nos pone en la carrera cristiana; nuestro avance hacia la meta es la labor de toda una vida.
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