Perlas del alma
Francisco Aular
JUEVES,26 de febrero de 2026
perlasdelalma@gmail.com
Lectura devocional: Daniel 12:1-10
Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el
tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia
se aumentará. Daniel 12:4 (RV60)
¿QUÉ HA HECHO LA ciencia y la tecnología por nosotros?
La respuesta es mucho, pero me temo que ha roto lo más
importante en el ser humano: Su relaciones con otros. Aquí va
un ejemplo de ello. En la ciudad de Toronto, donde vivo, el
invierno arrecia entre enero y febrero, así que en una mañana
de enero de 1991, había caído nieve en abundancia; aquel era
mi primer invierno en Toronto, y mi familia y yo lo
disfrutábamos.
Caminé hacia la entidad bancaria más cercana, para abrir mi
cuenta personal; mis pasos eran cuidadosos para no resbalar
en algunos lugares del trayecto, que en vez de nieve, tenían
hielo, el viento frío era como el filo de una hojilla en mi cara, y
casi traspasaba todo mi vestuario de invierno, pero mi marcha
era lenta y temblorosa, no sólo por el frío, la nieve y el hielo,
sino por el miedo a que mi escaso inglés me sirviera para dar
todos los detalles necesarios para abrir una nueva cuenta
bancaria.
Por fin, llegué, enseguida me dirigí a una de las ventanillas de
la agencia, allí estaba ella, con una sonrisa maravillosa, como
diciéndome bienvenido, medía como un metro ochenta
centímetros, tenía una blusa roja y falda azul, sus cabellos
rubios caían sobre sus hombros formando un arco detrás de su
rostro, sus ojos eran tan azules, como las aguas del Lake
Louise en Alberta. Me dijo en su perfecto inglés (traduzco): “mi
nombre es Roberta Hutchinson”, yo me presenté advirtiéndole,
lo que ella notaría, que mi inglés era muy pobre; le dije de donde era,
y ella respondió: “Ah, del país de las mises y de la Isla de Margarita”,
eso lo entendí y me dio ánimo para seguir
conversando.
Roberta me habló despacio, y así llenamos todas las preguntas
del cuestionario, me dio una libreta, una chequera y las
instrucciones de cómo usarlas; salí.
Lo que Roberta no sabía, ni yo tampoco era que por siete
largos años, llegaríamos a una verdadera amistad comercial y
humana. Era como un juego que teníamos cada vez que iba al
banco, otras ventanillas podían estar abiertas pero ella me
hacia una señal y yo me dirigía a la de ella; me orientaba al
revisar los estados de cuenta y corregía cuando algo no le
gustaba; sus consejos, como mi asesora voluntaria en el
manejo de mi cuenta, yo los seguía al pie de la letra.
Roberta, conoció a Mary, mi esposa y a los cuatro muchachos nuestros,
que llegaron a ser parte de la conversación: “¿Cómo le va a
Daniel en su nuevo trabajo? ¿Cómo estuvo el matrimonio de
Mary Ruth y César? ¿Dejará Mary Ruth la Universidad o
seguirá estudiando?”.
Cuando regresábamos de un viaje a Venezuela, nosotros le
traíamos algunos de esos regalitos de recuerdo, y ella nos
decía que los coleccionaba. Nuestra amistad creció y a medida
que nuestro inglés mejoraba, podíamos llegar más lejos en
nuestras conversaciones, por eso supe que su esposo y ella,
tenían planes para la jubilación, que sería en un par de años.
Un día descubrí al entrar al banco que estaban haciendo un
par de huecos grandes en la pared de la entrada, allí pusieron
dos máquinas. A la semana siguiente, un hombre de seguridad
se me acercó, mientras hacía la fila en donde estaba nuestra
amiga Roberta, el hombre me dijo: “Desde la próxima semana,
todas las gestiones de rutina tendrá que hacerla por el cajero
automático”. Nunca olvidaré la mirada que me hizo Roberta,
ella sabía lo que el hombre estaba diciéndome. Hubo un
silencio inusual aquella mañana entre Roberta y yo, ambos
sabíamos que la hora de la despedida había llegado. Ambos
disimulamos las lágrimas, cuando le dije: “¡Adiós Roberta!”…
Oración:
Padre eterno:
Ayúdame a valorar que lo que tú quieres conmigo es una
relación personal, en la cual pueda correr tu amor, y ese amor
vaya a través de mí para otros. En el nombre de JESÚS,
amén.
Perla de hoy:
No dejemos que ciencia y la tecnología nos separen de Dios y
de los otros seres humanos.