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Perlas del Alma
Francisco Aular
perlasdelalma@gmail.com
MARTES, 10 de marzo de 2026
Lectura devocional Salmo 119:17-24
Pues tus testimonios son mis delicias y mis consejeros. Salmo 119:24 (RV60). Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! (Filipenses 4:4 NVI)
Un niño de corta edad, que vino a pasar unos días de sus vacaciones escolares con su abuelo, está tratando de que éste le permita salir a dar un paseo, y no lo logra. El abuelo cristiano evangélico arcaico, vetusto, cara larga, triste, un creyente que pensaba que su fe es la religión de la tristeza y por eso se priva de todo gozo y diversión legítimos, no lo permite. —"En la calle"-dice al nieto-sólo hallarás maldad".
Y el hombre continúa hablando...—"Los niños son pecaminosos; los mayores están corrompidos; el ambiente es impuro y dañino; salir a la calle supone un gran peligro para nosotros los cristianos evangélicos".
Pero el nieto insiste y por fin el abuelo cede. Fuera de la casa el niño contempla un panorama totalmente distinto al descrito por el viejo: Los niños juegan felices; en el cielo azul cuelgan nubes limpias, mientras las golondrinas los circundan; el aroma del mar cercano, lo llena todo; la tarde ríe alegremente bajo el sol.
En dirección opuesta camina lentamente un burro. Lleva las orejas caídas. Aunque no lleva peso alguno, camina lentamente. Tiene los ojos abiertos, pero apagados. Una sombra de tristeza lo invade por completo. El niño, avergonzado, dice para sus adentros: —"Este burro debe tener la misma religión que mi abuelo"...
Desde luego que aquí no estoy hablando de ese estado de tristeza natural o emoción transitoria que puede servir de preámbulo para superar completamente una prueba pasajera. Estamos hablando de una conducta enfermiza impuesta por la religiosidad, pensando que recibiremos muchas bendiciones divinas por nuestros esfuerzos humanos.
Cabe agregar que, tampoco estoy hablando de la tristeza legítima en el Cristiano que sigue la secuencia de haber pecado, y siente una tristeza producida por el Espíritu de DIOS y precede al arrepentimiento genuino, en nuestro proceso de santificación.
Al mismo tiempo, nosotros como cristianos nacidos de nuevo, debemos entender esta verdad a fondo: La Biblia dice que DIOS no quiere que el ser humano viva una vida negativa y miserable. ¡DIOS nos hizo para Él, para que seamos felices para siempre!
Entonces, cuando el mundo vagaba en oscuridad, y en la maldad, la opresión y los temores que invadían el corazón aún de los más fieles, ¡vino JESÚS!: “De repente, apareció entre ellos un ángel del Señor, y el resplandor de la gloria del Señor los rodeó. Los pastores estaban aterrados, pero el ángel los tranquilizó. «No tengan miedo —dijo—. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente. ¡El Salvador —sí, el Mesías, el Señor— ha nacido hoy en Belén, ¡la ciudad de David!” (Lucas 2:9-11) Con esta acción, el relato bíblico nos dice: Aquí está DIOS: ¡Fuera tristeza!
¡Adelante, siempre adelante!
Oración:
PADRE ETERNO:
¡Bendito y alabado seas PADRE! Enviaste a Tu HIJO y Él, vino a traer el gozo verdadero a este mundo. Teniéndolo a Él, lo tengo todo y poseo la verdadera razón para vivir. Ayúdame a proclamar la Buena Noticia de Tu salvación y gozo para esta vida y la venidera. En el nombre de JESÚS. Amén.
Perla de hoy:
La Biblia es la fuente para el verdadero gozo y la felicidad en esta vida.
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