lunes, 29 de junio de 2026

DIOS: ¿DÓNDE ESTÁS AHORA?

Perlas del Alma
Francisco Aular
perlasdelalma@gmail.com
MARTES, 30 de junio de 2026
Lectura devocional: 2 Corintios 1:3-11
Quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren. 2 Corintios 1:4 (NVI)

DIOS: ¿DÓNDE ESTÁS AHORA? Es la pregunta que nos hacemos cuando sufrimos. Puedo garantizarte que DIOS está en donde siempre ha estado, en control de todo hasta en los detalles más pequeños, Sí, Él, está presente y no está callado: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos. Un día comparte al otro la noticia, una noche a la otra se lo hace saber. Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo! Dios ha plantado en los cielos un pabellón para el sol. —Salmos 19:1-4 (RV60).

DIOS: ¿Dónde estás ahora? Debo ser muy sincero: muchas cosas para mí son inexplicables, sería un charlatán si buscara una explicación, que me deje satisfecho del todo: ¿Por qué sufren y mueren los niños? ¿Por qué gente buena y joven trágicamente perecen? ¿Por qué un asesino acaba con una vida honrada y útil? ¿Por qué nuestro mundo actual va hacia lo absurdo en vez de lo razonable? ¿Por qué los desastres naturales en que miles de personas mueren en minutos? ¿Por qué, DIOS no está aquí, ¿cuándo más lo necesito?

DIOS: ¿Dónde estás ahora? He comprobado con mis ojos llenos de lágrimas que preguntas de este tenor de “¿Por qué?” nos llevan al pasado, y piden explicaciones que no tendrán respuestas fáciles, y que, de verdad, digámoslo sinceramente: no consuelan. ¿Qué diferente es buscar un propósito en nuestro sufrimiento? Entonces, la pregunta correcta es: “¿Para qué?” El apóstol Pablo, nunca negó sus sufrimientos, es más dio un propósito elevado para asumirlos: Ahora me alegro de sufrir por ustedes, pues así voy completando en mi propio cuerpo los sufrimientos del cuerpo de Cristo que es la iglesia. (Colosenses 1:24 LBLA).

DIOS: ¿Dónde estás ahora? Alguien le preguntó al pastor Warren Chandler, en su enfermedad terminal: “¿Dígame francamente, ¿teme cruzar el río de la muerte? Él, contestó: ¿Por qué he de temer? Mi PADRE es dueño de la tierra tanto de un lado como del otro.”

Ciertamente, al igual que los cristianos de todos los siglos, todavía estamos aquí para consolar a los demás, entre otras cosas, porque nosotros mismos pasamos por los mismos dolores y tragedias como los demás seres humanos.

La verdadera espiritualidad cristiana, no niega la enfermedad declarándola inexistente. Eso es estoicismo vano que nos lleva a mayores sufrimientos al comprobar la realidad.

Por el contrario, la verdadera espiritualidad reconoce que DIOS está en control a pesar de todo, que también la enfermedad humana y el sufrimiento son propios de nuestra fragilidad humana aquí en esta tierra, en donde vamos de paso, y que la enfermedad, los problemas y circunstancias difíciles por las cuales pasamos, no son un fracaso, sino una oportunidad para templar un carácter conforme al propósito eterno de DIOS.

DIOS: ¿Dónde estás ahora? Con toda seguridad, DIOS está consolándonos para que pongamos nuestra mirada en Él, y no en nosotros. De esta manera, podemos consolar a otros. DIOS que, en Su forma de JESÚS, lloró. Conoce muy bien a los seres humanos, Él enviará a otros amados a consolarnos y estar con nosotros, a pesar de todo. ¡Allí está Él!

¡Adelante, siempre adelante!

Oración:
¡Señor, lo que me pidas, Te doy!
ya sea en el valle peligroso,
o en medio del verano copioso;
si me mandas SEÑOR contigo voy.
Con ánimo pronto y muy sincero,
respondo inmediato a tu llamado.
Conozco bien la voz del Ser Amado
y atenderlo a Él, es lo primero.
¿SEÑOR qué pides Tú de mí?
Cualquiera cosa que sea te digo: sí,
y la victoria del martirio ciño.
¡No me quites SEÑOR el sufrimiento,
si lo exiges por Ti, sufro contento;
y mi fe se hace pura como un niño!
Perla de hoy:
Cuando sufrimos Aquel que sufrió en una cruz nos enseña que el dolor nos conduce a un plano superior.
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